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domingo, 8 de noviembre de 2009

Pec@dos Postales

La carta de Lucía

Agosto, 16

Ante todo, Lucía, te ruego que perdones mi osadía, pero el deseo es un impulso osado, imprudente en su imprudencia, y yo sé que lo que hago es imprudente en su imprudencia y que podrías fácilmente ofenderte, o asustarte, o peor aún, malinterpretarme, pero ya ves, aún así asumo el riesgo y te escribo esta carta casi a traición, porque sólo se vive una vez Lucía y si no lo hiciera, pasaría el resto de mi vida llamándome tonto y cobarde. Además, me digo; por qué ibas a ofenderte, si en el fondo se trata tan sólo de decirte que te he visto, que te he percibido con la empatía de quién sin conocerte te sabe próxima y afín, como cuando te encuentras con alguien a quien antes que con los ojos ya conocías con el corazón, y que he sentido el impulso de decírtelo... a mí manera.
Evidentemente por lo tanto, Lucía, esta carta no es la carta de un familiar, ni la de nadie cercano a ti, sino la de un completo desconocido que bajo ningún concepto hará nada más para turbar tu tranquilidad, ya que desde este mismo instante promete que, -tanto si accedes a lo que va a pedirte a continuación como si no- jamás tendrás ocasión de conocer, ni volverás a saber de él. Nunca llegaremos a vernos Lucía y eso hace de esta única vez algo aún más valioso y especial. Un disparo de palabras a ciegas contra el cielo de tinta de la noche, esperando acertarte de lleno en el corazón. En ese corazón que ya conocía el mío de antemano, a lo mejor por haberlo querido en otra vida, a lo mejor por haberse acompasado en esta con el mismo diapasón.
Así pues, quede claro por mi parte que la discreción, “el secreto”, esa puerta de silencio que cierra uno, para abrir mil bocas en la imaginación de los demás, será la consigna de nuestro breve “encuentro”. Eso, y la sinceridad. Ante todo Lucía, sinceridad. Y en base a ella también te confesaré que de momento juego con cierta ventaja, ya que yo, sí te he visto a ti. Pero otra vez, no temas. No pienses que te sigo, o que te espío. Te he visto sólo una vez, hoy, fruto de la casualidad y en esta única ocasión te he seguido como un colegial hasta tu casa, nada más que por verte abrir el buzón y averiguar lo indispensable para poder mandarte esta carta. Es raro, sí. Inusual y turbador, ya lo sé. Aunque al mismo tiempo es excitante, halagador y misterioso. “¿Quién será este majadero intrigante que usa el correo ordinario, en plena era de internet?” –te preguntarás- Lo puedes averiguar. Yo sé como eres tú por fuera y te adivino por dentro, y tú sabrás como soy yo por dentro y me adivinarás por fuera, a través de como escribo, de lo que te propongo y de como te lo pido. Todo yo en una sola carta Lucía.
Aún estás a tiempo de tirarla, de olvidarte de ella y de no seguir asomándote al vértigo de mis palabras,... pero algo me dice que no lo harás. Sé que si hay algo poderoso y capaz de vencer la resistencia de la mujer más inasequible y enrocada, es la curiosidad. La curiosidad, Lucía,... y la fuerza de algunas palabras. Para los hombres la seducción es una cosa directa e instantánea, que se les cuela generalmente por los ojos, porque la excitación para ellos es un mecanismo básicamente gráfico y explícito, mientras que las mujeres en cambio necesitan poner los cinco sentidos para dejarse seducir, “sin querer” por la fuerza de algunas palabras, y ahí es donde empieza este juego Lucía, ya que de eso se trata, de jugar un rato a darle otro sentido a esas palabras que yo tengo para ti, esas, que se te cuelan por el oído y enseguida las notas entre las piernas, esas palabras que te sofocan, que desacompasan tus latidos y descompensan en tu cuerpo las zonas de calor, como si en realidad el escurridizo punto G no se encontrara donde los hombres habitualmente no lo encuentran, sino en el interior de los oídos. ¿No crees que ahí es donde se acciona el verdadero punto G, Lucía?.
¿Sabes? Hoy estabas espléndida, más aún, radiante y aunque no te dieras cuenta, todo el mundo te miraba...¿O sabías que lo hacían? Claro que sí. Una mujer sabe siempre cuando la miran y hoy eran muchos los que te miraban a ti. Yo entre ellos, claro, el más anonadado y feliz de los paseantes. Estabas magnífica Lucía, con esa hermosura que sale de dentro y se asoma a la cara. Y es que tú Lucía eres guapa desde dentro. Me gusta saber que existe gente como tú. Me llena de esperanza ajena, saber que puedo salir a la calle y encontrarme contigo en la acera, paseando ese día al mes en que toda mujer acapara para sí la belleza. Eres generosa dejándote ver y a mí me ha llenado de alegría ver salir el sol dos veces en una misma mañana.
Por esa razón Lucía, hoy he seguido tus pasos..., mirándote desde lejos, disfrutando de mi suerte, aprendiéndome el ritmo de tus tacones, asomándome al vértigo suave de tu contoneo, y luego, sentados en la terraza de ese bar de aquella plaza, al alcance ya de tu perfume, me he aprendido para siempre la sinfonía de tus gestos al peinarte con el viento. Opium en el aire y una puesta de sol africana de rojos y cobre, rondándote por el pelo. Te miraba beber a sorbos de la taza, como dándole besos a lo que pensabas. Y yo me preguntaba ¿Para quién irá hoy esta mujer tan guapa? ¿El hombre más afortunado del mundo vive en esta ciudad? ¿O irá así por ella misma y para alegrarle la mañana a la gente que la contempla, como yo?... ¿En qué estarías pensando?...
¿Qué más daba? Yo estaba allí en el mismo sitio del mundo que tú, a la misma hora, bajo el mismo sol que te alumbraba, y te he visto. Y eso me ha bastado para atraparte a traición en la red de mis pupilas, donde ahora serás mi cautiva y permanecerás para siempre así de radiante, a salvo del tiempo, al alcance de mi admiración..., pero también a merced de mis fantasías, en las que tú siempre dirás que sí.
Y ya que lo menciono, estaría bien empezar imaginando por ejemplo, que ahora que te lo he contado, tú también quisieras saber lo que harás en mis fantasías, lo que haremos en ellas los dos. Aunque antes de eso, estaría mejor aún, que además de la lógica prevención, te halagara y te tranquilizara un poco saber, que serás la inspiración de alguien que tarda mucho en encontrar su musa, y que nadie tan exigente, se toma tantas molestias para comportarse luego como un zafio...Eso, ni en sueños Lucía.
¿Sabes?..., la primera vez no te tocaré. Te aprenderé solamente.
Ya me ha contado tu buzón que vives sola, de manera que doy por sentado que también debes de ser exigente con tus relaciones, y en base a eso prometo tratarte con el tacto que te esperas. Me vestiré más despacio para ti, más que a colonia oleré a confianza y a la hora de los duendes pasaré a recogerte en una nube azul a la puerta de tu almohada. Te robaré del sueño para llevarte a volar por ese sitio que tienen las cabezas, donde nacen los deseos, donde se transforman las palabras y..., pero antes cenaremos, naturalmente, en el sitio que prefieras y con la luna más clara que tengan, haciendo de vela en el cielo. ¿Te gusta cenar con velas Lucia? Yo añadiré además de mi cosecha, una espesa alfombra junto a una chimenea y esa música que te vuelve buena y que te deja mostrar los sentimientos. Quizás en ese momento Lucía, sea cuando te decidas a oírme contar las cosas que vamos a hacer juntos en mi imaginación, sin que tú puedas evitarlo. Sobre esa alfombra blanda... con la piel brillante y naranja de los amantes ávidos y clandestinos. ¿No quieres saber las cosas que llegarás a hacerme y a pedirme que te haga...?
Y ya no voy más lejos Lucía,... si tú no quieres pasar de página. Pero si lo haces, será sabiendo que a partir de aquí, te contaré cosas que un padre o un marido, jamás aprobarían. Cosas morbosas que una buena chica debería rechazar en pro de su virtud y que sin embargo, en el fondo, no creo que merezcan el calificativo ni de pecado venial. Cosas tan inocentes como un juego en el que tú pagarás prenda si pierdes, pero sin riesgos y en la más completa intimidad.
¿No quieres saber cómo se llama el juego Lucía?

3 comentarios:

  1. Estoy con fiebre, tengo un tremendo dolor de cabeza y nada me lo quita. Desesperada , busco algo con que entretenerme para "olvidar" el dolor... y aqui que cae en mis ojos esta preciosa carta... ¡¡¡ Que gran medico eres primito !!!

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