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miércoles, 11 de noviembre de 2009

Erotik-On

Patricia era dueña de un dos caballos de cuarta mano con matrícula de Burgos, que me recogió haciendo dedo en el aeropuerto de Ibiza. Venía del mercadillo de Scaná y el habitáculo estaba abarrotado de toda suerte de cerámicas, macramés, pendientitos y mandalas indias atrapa sueños.
- ¿Vendes todo eso? – le pregunté.
Patricia, que aún no tenía nombre para mí, hizo un ruido, mitad bufido mitad risotada. Llevaba el pelo recogido en una coleta alta y su cara, sin maquillaje, me pareció peligrosamente simpática y hermosa.
- Eso es lo que yo quisiera, chato, pero últimamente, no sé qué le pasa a la basca que no se estira un pijo. Será la crisis esa, que dicen.
- ¿No te va muy bien entonces?
- Desde hace un par de meses, desde luego que no. No saco ni para pagar el puesto. El mes que viene lo veo crudo y lo peor es que empieza el verano y si no pago ahora que he conseguido un sitio de puta madre, vendrá algún listo y me lo pisará.
La carretera se llenaba de curvas por momentos y Patricia las sorteaba haciendo balancearse cuanto viajaba en su interior, incluido yo, con esa forma tan peculiar de los dos caballos.
- A mí, los dos caballos, siempre me parece que se van a volcar – le dije buscando un asidero
- ¡Ah!, no te preocupes, me conozco la carretera de memoria.
Era cierto que parecía conocérsela bastante bien y que sorteaba todos los baches con anticipación. Aún así a mi me parecía que los pinos nos pasaban demasiado cerca. Para ver si le distraía el pie del acelerador, le conté que acababa de llegar, que buscaba un hotel y que estaba un tanto despistado al respecto.
- ¿Has estado alguna vez en el Saler?
- No sé que es eso – respondí – no me suena.
- Es un multicentro que han abierto en San Antonio, funciona las veinticuatro horas del día y puedes comer, beber, bailar, dormir, bañarte, ver cine, montar en canoa, o conducir una moto de agua. Que sé yo. Es un flipe. Pagas treinta euros y te puedes quedar veinticuatro horas haciendo todo lo que te dé la gana.
- Sí, tiene buena pinta – admití – pero en realidad estoy buscando algo más íntimo, independiente. Un apartamento, o algo así. Voy a estar aquí unos meses y los hoteles acaban siendo demasiado impersonales. Además no tengo treinta euros para gastar todos los días.
- En ese caso – respondió – si quieres te puedo llevar a ver a un amigo que tiene una inmobiliaria y que mueve todo tipo de casas, en San Antonio y en toda Ibiza.
Nada más decir esto, Patricia arrimó el coche a la cuneta, lo detuvo bruscamente, se bajó e hizo la primera cosa desconcertante, de las muchas que le vería hacer durante el medio año largo que estuve en su órbita.
- Es sólo un segundo – dijo a modo de disculpa – es que me estoy haciendo pis. No tardo nada.
Nada dije yo. La vi trepar arcén arriba y pensé que se escondería detrás de una jara o algún otro objeto opaco, pero lejos de eso, se subió el vestido y se acuclilló cómo si fuera una niña pequeña delante de mis narices, sonriéndome inocentemente. Luego regresó al coche dando saltitos.¡Uf! ¡qué gusto! Es que no aguantaba más, de verdad. – reanudó la marcha y añadió – veo que eres un tipo legal. Ahora que lo pienso, podías haberte largado con mi coche y haberme dejado ahí tirada, con las bragas por los tobillos. ¿Te imaginas? – y se rió con espontaneidad.
Erotik-On (fragmento)

1 comentario:

  1. hola amigo, a ver se me llamas ,que me tienes muy olvidada, tu amiga Helena.
    un beso para ti y para tus bebes , un saludo para tu padre

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