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domingo, 9 de mayo de 2010

Generación Ni Ni = PadresTranxilium 10.

-Anda Mari, dale dos tortas a la niña que yo tengo las manos ocupadas.
-¿Cómo? ¿Pero, qué ha hecho?
-Tirar la leche
-¿ Nada más?
-Tirar la leche... encima de tu ordenador.
-¡¿Cómo?!
-Que ha tirado el vaso de leche encima de tu ordenador, Mari, y más concretamente por encima del teclado.
-¿Y por qué estaba merendando encima de mi ordenador?
-Porque estaba chateando y porque el suyo se le ha perdido.
-¡¿Qué?! ¿En dónde?
-No está muy segura, pero cree que en la facultad.
-Esta chica es idiota. ¿Pero no le tenemos dicho que no queremos que lo saque de casa? Y además, ¿para qué se lo ha llevado, si ya tiene uno allí para ella sola?
-Dice que está estropeado, que se le ha metido un virus y que se lo tienen que formatear.
-O sea, que se ha cargado tres ordenadores en un día, pues que carrerón lleva, a este paso la van a llamar de la IBM antes de fin de curso. No sé yo si no nos habremos equivocado dejándola estudiar informática.
-Probablemente sí, pero de haber estudiado piano, también lo hubiera perdido. El problema no es lo que hace, sino como lo hace. Me refiero a esa pose de niñata despreocupada que considera que es una horterada saber lo que valen las cosas. Y lo mejor no te lo he contado aún, pues no contenta con eso, todavía se me descuelga con que tiene un trabajo muy urgente que entregar mañana y que necesita que le deje mi portátil de la oficina.
-¿Y no le habrás dicho que sí?
- No, claro, le he dicho que ni de coña, pero también le he dado la excusa perfecta para suspender en Prácticas. Según ella, si no lleva el trabajo no la van a dejar examinarse, así que no merece la pena perder el tiempo estudiando. A cambio de eso, ha quedado esta tarde en Cibeles con Rocío y con Sara. Todo por culpa mía.
-¿Le habrás contestado que na nai?
-Por supuesto Mari, y también le he cuatripitido aquello de que mientras que viva en esta casa tendrá que cumplir con sus normas aunque sea mayor de edad, y luego, por hacerle la función completa, hasta le he recordado dónde estaba la puerta, si decidía que no estaba de acuerdo.
-¿Y?
-Pues que vale, que sí, que tiene diecinueve años y que se larga a vivir hoy mismo con unos okupas de Chueca que conoce.
- De eso nada, vamos. Hasta ahí podíamos llegar con la broma ¿Dónde está?
- Se ha metido en el baño a lavarse la cabeza.
-Pues ya está saliendo y poniéndose a estudiar, o la saco yo de los pelos sin abrir la puerta, fíjate.
-Eso tampoco funciona. Ya lo he probado yo antes y me ha amenazado con denunciarme por malos tratos, o con algo peor, palabras textuales, si oso descolocarle siquiera uno solo de sus bonitos cabellos castaños teñidos de morado.
-¿Me lo dices en serio?
-¿A ti que te parece?
-¿Pero esta niña se ha vuelto loca o qué le pasa? ¿No se estará drogando?
-No me cabe la menor duda, pero no creo que lo de hoy sea por eso, ahora es que son así de natural. Es el resultado de la política educacional de los últimos veinte años. De “Eso” tan moderno y tan instructivo de; “déjalos hacer lo que les dé la gana, no les castigues y no les regañes, que ya madurarán”, y que ellos han interpretado como que tienen muchos derechos, todos los derechos para ser exactos, por lo que ya no les queda ningún sitio para los deberes.
-¿Y por qué no le has dado un par de guantazos directamente?
-Porque tengo las manos ocupadas, ya te lo he dicho. Y porque con lo descerebrada que está tu hija y el desquicie este de la ley de malos tratos, prefiero poder seguirla de cerca a tener que hacerlo desde una pensión. Sólo es cuestión de tiempo y de paciencia, ¿no? de esperar a que madure la semilla educacional de la nación. Creo que ahora les germina sobre los treinta y seis, o así.
-Ya...bueno. No sé... ¿y en qué es en lo que estás tan ocupado tú?
-Pues en intentar volver a abrir la tapa de mi portátil Mari, que la niña me la ha cerrado de un manotazo cuando le he dicho que no se lo iba a prestar y se ha quedado encajada.
-¿Lo ves? A esta cría le pasa algo. Te lo digo en serio Juan, esto no es normal.
-Yo creo que sí Mari, que esto está a la orden del día.
-¿En qué nos hemos equivocado?
-En la mitad, justo en la mitad.
-¿En la mitad de qué? ¿de qué hablas?
-De que no se puede abrir así la mano, si al mismo tiempo no proporcionas la debida educación.

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