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domingo, 30 de mayo de 2010

La Memoria del Elefante III

Tocábale el turno a ella y así, poco a poco, fue asomándose segura y tranquila entre las nubes. Media luna llena, de media cara boba y sonriente como esas que alumbran el cielo de los cuentos, flotó otra vez sobre la noche.
A la luna le gusta hacerse esperar en estas últimas veladas de África. Sale tarde, se sube al tejado a eso de las dos o las tres de la mañana y luego rueda por la pendiente hasta caer al interior de la piscina del Standford, donde permanece horas y horas nadando.
Yo la miro desde mi balcón. Sin prisas, recreándome en sus reflejos, estudiando la forma de su contoneo, en como lo estira y recoge sobre la piel del agua para amoldarlo al suave compás de sus ondulaciones, y no me canso. Por primera vez a lo largo del día me abandono a la blandura de la despreocupación, al sosiego. Por primera vez a lo largo de otra murria, más que sacudirme de encima la sensación apremiante de tener que ejecutar una decisión largamente aplazada, se me escurre. Y me quedo embobado, encantado de tener una excusa para no pensar en ello, hasta que la luna cruza la piscina, se desliza a lo largo del jardín y salta la cancela. Entonces, vuelven los fantasmas.
Llegan subrepticiamente y como la música rancia que se dejó olvidada Isabel, se adueñan del cuarto llenando su espectro con notas cada vez más afiladas que se entrometen por los poros de mi memoria y empiezan a sonsacarme dolorosos recuerdos.
En un rincón, tal y como las dejé hace un año cuando la razón me hizo comprender que lo mejor era volver a Madrid; Tres maletas, un sobre de estraza y dos bolsas de mano. Once años apilados, esperan el regreso que habré de emprender mañana, aunque Mañana llegó hace ya doce meses y desde entonces todos los días sean víspera de viaje y yo no haga sino esperar. Esperar y mirar la luna mientras me escribo.

“La luna no es de nadie, mas que de quien la mira- dice el Sabio Buba- La luna no es patrimonio de los soñadores, ni de los que pasan muchas noches especulando acerca de su naturaleza, o haciendo conjeturas esotéricas sobre la influencia que pueda ejercer en su futuro. La luna es de los que aguardan simplemente a que salga y se zambulla en mil hilachas de plata dentro de una piscina y de los que temen que si dejan de mirarla se esfume, y con ella su inspiración”.

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