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viernes, 4 de junio de 2010

El Coleccionista de Bragas (fragmento)

...y eso significa que desde ahora, cuando en tardes de verano calientes y largas como esta, de pronto una brisa fresca de tormenta se cuele por tu ventana, te bese sin hacer ruido en la nuca, te acaricie la frente perlada, te moldee el pecho, te rodee la cintura y se enrede entre tus tobillos, trepando por tus pantorrillas, bajo la falda; tú sentirás un estremecimiento de calor y de frío al mismo tiempo y otra vez una punzada traicionera en cada una de las ingles, te anunciará que ese aire fresco y curioso, ese aire descarado, soy yo. Sí Lucía,... no te hagas la distraída, ya sabes quién digo. Ese sin cara, sin nombre, ese sin más que aparece en tus noches insomnes y se mete en tu cama sin permiso, a jugar al escondite con tus dedos por los rincones de tu insatisfacción. Yo soy eso que nunca harías pero en lo que no puedes evitar pensar, soy ese encuentro fugaz, imposible, irreflexivo. Ese acto ingobernable salpicado de jadeos al que ni siquiera pondrás nunca palabras...

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