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miércoles, 30 de junio de 2010

Tú también (Monologos del loco...)

Al final tú también te tendrás que ir. Antes o después, cogerás el camino del final del verano y volverás a la rutina del invierno de tu corazón. A la pereza de las horas punta bajo ese cielo plomizo que hace pucheros con el día y deja churretes de lágrimas sucias en las fachadas. Volverás a la calle mojada, al reflejo de tu cara triste a la luz de algún neón. Volverás a los días sin mí, a esas cinco y media de la tarde sin rastro del sol. Volverás al aliento de vaho que suspiran las bocas de metro bajo las faldas, a la ropa de lana que también borrará de tu piel todo rastro de sol. De ese sol de tarde vieja, picante y rojo, que brillaba en oro y cobre por tu cuerpo de espuma.
Y yo me quedaré aquí como un grano más de la arena de la playa, como una última risa entre las hamacas solitarias y los chiringuitos dormidos. Me quedaré aquí, entre las buganvillas secas, como el juguete olvidado de un niño alemán, como el eco de la canción del verano que seguirá acunando el vaivén de las mareas. Me quedaré sentado sobre un remolino de hojarasca de recuerdos y de ausencias, con la vista fija hacia el poniente, hacia el calor del estío que se irá deshilachando en regueros de distancia, hasta que el paisaje me confunda con el rumor del agua y parezca una más de esas rancias postales, que nadie mandó. Yo me quedaré aquí, sin ti, buscando tu cuerpo de crema morena y de ola, en cada puesta de sol.

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