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lunes, 15 de noviembre de 2010

Despilfarro ( fragmento de la Memoria del Elefante)

Para alguien que llegaba de un sitio donde comer una vez al día todos los días, era un lujo, y donde comer tres veces en menos de veinticuatro horas, era un fenómeno paranormal, la dejadez de la nevera de Oscar y el trato que dispensaba a los alimentos, llegaba a ser casi constitutivo de delito. El sabio Buba se lo hubiera hecho entender enseguida con su mejor voz de tango.
• “Mira Blanquito Pintor, cuando has visto a un niño de tu poblado rebañar una lata de comida para perros con más deleite del que manifiestan en Europa muchos a la hora de comerse un solomillo, se te hace incluso ofensivo ver tanto restaurante, supermercado, bar, hamburguesería, pastelería... y al mismo tiempo tanto aburrimiento y desgana de comer tanto. En occidente a menudo confundís el hambre con el apetito y a lo que no es sino gula, le llamáis “matar el gusanillo”. Trastornos como la anorexia o la bulimia, adquieren un tinte de ridícula bisoñéz, totalmente incomprensible para un africano. Guardar la línea, hacer dieta, ponerse a régimen, son conceptos que en el país de Buba sólo tienen por traducción un bochornoso sentimiento de vergüenza ajena. Un bocadillo a medio comer tirado a una papelera, es un grito que nadie escucha, un pecado mortal del que todos os hacéis culpables, porque el peor insulto que puede hacerle un rico a un pobre, es su despilfarro.

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