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lunes, 1 de noviembre de 2010

Monologos del Loco (fragmento)

...Yo en cambio, ya no escucho música por la misma razón que ya no leo libros, doctor; porque embargan, duelen o hipnotizan, y eso me confunde y me distrae de mi misión. Yo soy el oído que todo lo escucha. Vivo dentro del ruido. En el meollo del embrollo del cogollo del ruido de la vida, porque todo en la vida hace ruido, doc Beefeater. La vida suena, retumba en mi habitación con ecos de soledad y confinado en ella bullo yo, moviéndome por la inmensidad de mi portentosa imaginación, lanzándole mis monólogos a las paredes, que también tienen su propio ruido y crujen de manera casi imperceptible con el ejercicio de sus dilataciones. Cruje el suelo de madera vieja bajo mis pies, murmura el agua en el lavabo, en la gota que cae del grifo y que contiene un universo efímero en el que caben mil millones de existencias como la nuestra, suena la cisterna del inodoro que está ida de la “boya” y nunca se da por satisfecha y mientras tanto, silva el viento que se da de bruces contra el aire sólido que nos empeñamos en llamar “el cristal de la ventana”. Dentro y fuera de mi cuarto, cerca y lejos de mi oreja, suena cada cosa que existe porque hasta el silencio suena. Y yo no puedo dejar de oírlos. Yo soy el pabellón auditivo, el tímpano cósmico, la antena parabólica que todo lo detecta, desde la caída de una simple hoja en el bosque, hasta eco de la radiación de fondo del Big-bang que hace rayas en la tele y crepita en la radio, cuando no se sintoniza ninguna emisora o ninguna cadena. Quince mil millones de años de ruido se cuelan sin tregua en mis oídos, doc Beefeater, y por lo visto usted, ni se entera. Usted también podría oírlo si quisiera, si prestara un poco más de atención y los vapores etílicos que le empozoñan el cerebro no le impidieran aprender a disociarlos. Usted sólo oye el ruido ambiental y escucha lo que le conviene, como casi todos, pero el runrún general está formado por millones de sonidos, de la misma manera que los millones de individuos conforman la humanidad y sólo yo parezco estar atento a ellos. Así que yo soy la oreja que todo lo escucha. La Oreja. Y por eso puedo afirmar que cada estrella y cada planeta tienen su propio sonido y que no suena igual el sol que la tierra, como no suena igual la noche que el día. -¿ A qué huelen las nubes? -pregunta cada dos por tres la caja tonta. ¡Vaya pregunta más gilipollas! Las nuebes huelen a lluvia, a H2O condensado, ¿a qué van a oler si no? ...Pero, ¿quién sabe decir a qué suenan?, ¿a truenos que no han caído todavía y a relámpagos mudos, criogenizados en bolitas de granizo al acecho de las cosechas? ¡Y qué más da, si lo que importa es que cada cosa que existe mete ruido por su cuenta! El mundo tiene su propio sonido, sí, y este está conformado , además de por la eufonía que producen los humanos, por todas y por cada una de las cosas que contiene, aunque cada una suene a su manera, sin coordinación, sin armonía, sin cadencia. El mundo es un ruido caótico, cacofónico, huérfano de partitura y por eso la vida se hace desquiciante a medida que aumenta el ruido, ese ruido anárquico que nos rodea. ¿Cómo vamos a ser felices dentro de ese alboroto sónico sin concierto? ¿Nadie se da cuenta de que cada vez estamos más “desconcertados”? Armonía, ese es el quid de la cuestión. Armonía y orden. Sólo hay que seguir las reglas de la melodía para que el ruido del mundo se convierta en sinfonía. Cada ser, cada máquina, cada elemento que lo conforma, coordinados bajo una única batuta. Así debería sonar el mundo, doc amigo, esa podría ser la concordancia de la Tierra y entonces la Tierra volvería a ser el Edén que una vez perdimos. Ya sabe, Dios se cabreó con nosotros por haber tomado consciencia de nosotros mismos y nos castigó a vivir en un mundo cada vez más retumbante y desarmornizado. La Tierra tenía música, tenía ritmo, compás y concordancia, tenía una partitura magistral que había compuesto Dios en siete días, y entre todos la jodimos por no saber interpretarla. ¿Y sabe usted porqué era perfecta?, pues porque de la misma manera que la suma de todos los colores da como resultado el color blanco, la suma de todos los sonidos da como resultado el silencio.

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