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lunes, 20 de junio de 2011

Apocalípsis

Pero vamos a ver, ¿cuántos apocalípsis hay? ¿Es que vamos a tener uno cada dos meses? ¿No íbamos a caer fulminados todos el 11 de mayo pasado? ¿Y ahora resulta que mejor vamos a explotar el 21 de junio? ¿Y qué coño pasa con el 21 de diciembre del 2012?, ¿ya no viene el rayo letal de particulas gamma desde el ojete de la galaxia? O sea, ¿es que ni siquiera para eso nos vamos a poner de acuerdo? ¿También de esto vamos a hacer una moda tonta? ¿Cómo se empaqueta un apocalípsis en un blíster y se coloca en un stand, para que caduque al cabo de un mes?
Yo quiero un apocalípsis único, tradicional e inconcreto. Quiero un apocalípsis acojonante, precedido de trompetas y caballos de colores, como habían venido siendo los apocalípsis de toda la vida de Dios. Un Apocalípsis con mayúscula, que nada más nombrarlo genere penalidades intestinales y suscite arrepentimientos apresurados entre los asesinos de niños, los que tiran chicles al suelo y las monjas que se ven el anuncio del Vibro Power Sculpture a escondidas. Quiero un Apocalípsis que llegue sin avisar, un miércoles cualquiera a la hora all-bran, sin cábalas criptográficas o juegos abracadabrantes alfanuméricos, cogidos con los palillos del sombrajo de Nostradamus, el Popol Vuh, el código secreto de la Biblia y el horóscopo nocturno de la sexta. Y sobre todo, quiero que no asomen los templarios, por favor, basta de templarios.
¿Por qué no venden un nuevo estado de gracia del ser humano, un despertar a nueva forma de conexión psíquica mundial? ¿No cabe en el blíster?

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