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viernes, 29 de julio de 2011

El Ritmo de la Ciudad (fragmento de La Memoria del Elefante)

“...En algún lugar bajo la ciudad, más abajo aún de las toperas que surca el suburbano y de las alcantarillas que surca la elegante mierda de los hombres blancos, hay un gigante amasado con huesos podridos, que sostiene un mazo en las manos, con el que golpea rítmicamente un gong de dimensiones descomunales. No obstante, arriba, a la superficie, sólo llega el sonido amortiguado de ese golpeteo como una pulsión, como un latido que cala en nosotros por los pies, se transmite a través del tuétano por la osamenta, va mutando de glándula en glándula hasta el cerebro y allí se nos incrusta en el hipotálamo como una garrapata, imprimiendo para siempre el compás de nuestra glándula pineal. Así imponen su ritmo de vida todas las ciudades.

Cuando uno sale de las aglomeraciones urbanas y le da a su organismo el tiempo suficiente para desintoxicarse, empieza a sentir ese otro ritmo que tiene la tierra, o sea el del planeta y si aún le da un poco más de tiempo, hasta puede que acabe comprendiendo la armonía.

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