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domingo, 13 de mayo de 2012

11 M 2004 II

Malela tenía ese nombre que parecía de miel sólo entre sus amigos. Luego, en su casa y en el resto de su tiempo la llamaban como la habían bautizado, Rafaela. Rafaela era guapa, impulsiva y curiosa, y la gobernaba un espíritu altruista y confiado. Cuando Rafaela era Malela, se vestía de manera diferente, hablaba de manera diferente y hacía cosas que en su casa nunca hubieran imaginado ¿ O sí? Quizá su madre sí...,pero su padre desde luego no. Él seguía viéndola como la niña de las coletas que tenía enmarcada encima de la mesilla. Pero Malela había crecido, estaba en primero de periodismo y cuando no era Rafaela tenía un medio rollete con un vecino de dos calles más arriba de su casa, que trabajaba de mozo de almacén en el Carrefour de Alcobendas. Algunas mañanas coincidían en el tren y como ya se conocían de vista habían empezado a charlar, a sentarse juntos,... a esperarse. Joseba era simpático, ocurrente y llevaba un zarcillo en una oreja que le daba aire de pirata romántico. Joseba trabajaba todos los días menos los domingos, pero gracias a eso se ahorraba el gimnasio y cuando acabara el año, se iba a poder comprar la moto de sus sueños. Una Honda CBR, o BCR, Malela nunca lo rocordaba por más que él se lo repetía.
-Mira niña que no te monto en la moto hasta que no sepas como se llama- le amenazaba y ella se reía y le llenaba la cara de besos.
Los domingos por la tarde, como era el día que Joseba libraba, lo pasaban sin acercarse al tren, a menudo sin salir del barrio, haciendo planes para cuando tuvieran la moto.
-Al primer sitio que te voy a llevar es a Denia. De un tirón. Mis viejos me llevaban a mí a veranear allí cuando era pequeño y conozco un montón de sitios que lo flipas. Y tirados de precio. Y desde allí, luego nos podemos pillar un barco y cruzarnos a Ibiza.
-No sé yo si mis padres me dejarían ir.
-Si les dices que te vas a Ibiza en moto, desde luego no lo creo ¿No puedes decirles que te vas a casa de una amiga, ...y en el autobús, claro?
-Yo a mis padres paso de mentirles. Si me dejan por las buenas, vale, y si no, pues nos hacemos excursiones de un día por aquí cerca.
-Eso, a la sierra, que mola. Tú te vestirás de Caperucita y yo seré tu lobo.
-¡Ja! Qué te lo has creído. Yo me vestiré de loba y tú serás mi corderito.

La parada de ella se acercaba y se dieron un beso antes de que Malela se levantara para situarse en la plataforma, frente a la puerta. Cuando el tren paró, y esta se abrió, se miraron una vez más, cómplicemente.

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