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miércoles, 16 de mayo de 2012

Tiempo Ladrón

Esta noche he soñado con mi hijo. He soñado que volvía a ser pequeño, que lo estrechaba contra mi pecho en un abrazo que a lo mejor nunca le di y que con un realismo anonadante, podía sentir su cuerpo menudo, dulzón y caliente, abrazándose a su vez a la confianza y a la seguridad que yo le proporcionaba. Tierno y rendido, como si yo fuera la única y la mejor idea a la que uno pudiera abrazarse. Esta noche he soñado que volvía a ser el único habitante del planeta de mi hijo y que todo su mundo empezaba y acababa en aquel abrazo que todo lo abarcaba, que nuevamente no tenía ojos, corazón, ni brazos, más que para mí, y que yo era la montaña de roca más fuerte y segura que podía existir. Esta noche, durante un rato, he vuelto a tener entre mis brazos al niño que ya creció, a aquel pequeño ser de inmensa ternura que el tiempo me robó.

3 comentarios:

  1. Es que los hijos nacen con ese empeño fijo por crecer sin piedad, por salir corriendo -como si tuvieran una prisa atroz- por la puerta de su propia vida dejándonos atrás, o al menos eso nos parece..

    Es ley de vida, dicen.

    Ley de vida.

    En fin...yo me cuelo en tu sueño porque me cala mucho, y eso que los míos aún están sentados en el bordillo de la infancia..

    Ha sido una delicia leerte, Sandiablo :)

    Un abrazo

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  2. La delicia es encontrar comentarios como el tuyo. Palabras gemelas de almas de tinta.
    Otro abrazo para ti.

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  3. Como siempre, me calas muy hondo.... Sigue dándonos este "placer" literario a los que te "disfrutamos". Un beso primito.

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