Fotogalería

jueves, 2 de agosto de 2012

Coca-Cola,... ¿asustando a los niños?

Es un monstruo de hielo, está en casi todas las máquinas expendedóras de refrescos de Coca-Cola, en la publicidad que lleva en los laterales y te puedes encontrar con él en el sitio más inopinado. A este de la foto que pongo, lo retraté en el pasillo de un hospital -se conoce que debía de dolerle algo- apoyado contra la pared y esperando su turno como cualquier hijo de vecino. Meses atrás, pululando por el Google Earth, me encontré -y publiqué en este blog- que a la isla Guam, le había crecido un falo gigantesco subacuático y que la cosa sonaba a cachondeo por parte de los los diseñadores de la página que parecían haber querido tapar algunas zonas con cochino recochineo. Lo de la Coca-Cola de hoy es otro de los miles de ejemplos de mensaje visual encriptado que tenemos delante de las narices sin que caigamos en ellos. Este va de monstruos y de cabezas cortadas.
Veamos:

Primero la foto en cuestión, tal y como la saqué y sin Pothoshop. Cuando uno la observa detenidamente, no tarda en darse cuenta de que por el lado derecho de la lata (según la miramos) asoma una especie de súcubo, de demonio gorgón con pico de loro, que parece encaramarse en busca del abre fácil de la lata. Trás él, más a la derecha, dos oportunos remaches de la carcasa, parecen observárle desde la oscuridad. Es evidente que esa pretendida gota de frescor, parece lo que parece y que no puede ser una pareidolia casual -nadie me va a convencer de que a los publicistas de la Coca-Cola se les ha escapado algo así- Pero sigamos mirando más de cerca...


Ampliando la zona de manera un tanto sibilina -lo reconozco- ahora descubrimos que al monstruito, en combinación con las letras, le han crecido unos dedos uñosos, manos cangrejiles, brazos intuibles, hombros de sapo y berrugas por la espalda, y que en realidad todo él abraza el refresco con posesividad, como si ya lo tuviera largamente conquistado -"mi tesoro"- Por cierto que tampoco me había fijado nunca en que las dos Ces de las archiconocidas letras, acaban en sendas colas de diablo

Los ojillos remachados por su parte, no pierden detalle. No tienen nada que ver con el monstruo en sí, pero mola el encuadre.


Hasta aquí, la cosa puede tener algo de gracia y casualidad, aunque uno no acabe de captar el sentido subliminal del mensaje -si es que lo tiene-, por más vueltas que le de a la composición. ¿Eres un monstruo de la Coca-Cola por beber Coca-Cola? ¿La Coca-Cola es un monstruo del frescor? ¿Es un demonio de burbujas adictivas que te tienta y que se apodera de ti como de la lata? ¿Es la nueva campaña de la Coca-Cola para Halloweeeen?...

Por último y ya por rizar el rizo, tumbo la foto, o sea la lata, hacia la izquierda y entonces ocurre lo que se puede ver a continuación.

Bueno, no, esto es mi perra que se ha quedado así de flipada cuando le he enseñado la foto. La de abajo es la que quería poner. En ella se puede apreciar que el monstruo es ahora una simple cabeza cercenada al más puro estilo Monsieur Guillotine. El ojo izquierdo ha desaparecido de su órbita y el derecho aparece desorbitado de miedos y agonías. No me extraña, el borde rojo de la lata le corta justo por el sitio -yo para mí que le ha dado en toda la nuez de Adán- las berrugas de sapo son pelo desmelenado en plena caída, y esas gotas de burbujas rojas parecen discurrir hacia lo que a todas luces emula un charco sanguinolento, siempre bajo la atenta mirada de un remache complacido. La escena acongoja al más sediento. ¿Por qué rojo si la Coca-Cola siempre fue negra? ¿De verdad que todo esto es mero producto de la casualidad? , ¿que no es lo que parece? ¿Qué lectura hay que sacar de esta publicidad?


No sé, a lo mejor es que yo tengo demasiada imaginación, pero por si acaso creo que voy a empezar a beber gaseosa.









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