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martes, 11 de septiembre de 2012

Memoria genética (fragmento de Monólogos del Loco)




¿Quién dice que no soy amigo de los libros? Que yo asegure, doctor, que ya no leo, no significa que no sepa valorar la importancia que tienen los libros. Sin ir más lejos, ese grueso manual de psicoquinésis que tengo sobre la mesilla, me resulta utilísimo para alcanzar el altillo del armario y el María Moliner de dos tomos, me es imprescindible para plan­char­me los pantalones. Yo no puedo vivir sin los libros, doc. Aunque no me enseñen nada nuevo, con lo que ya saben, me llega. Por eso los cojo de la bibliote­ca. Por lo demás, todo cuanto necesito saber lo tengo archiva­do en mi memoria. Yo ya era alguien en algún sitio cuando el universo se hizo transparente y mi recuerdo abarca la historia de la evolución de princi­pio a fin y arroja la luz del día en la noche de los tiempos. En el origen. ¿A qué cree si no que me refiero cuando le digo que yo soy la memoria? ¿Al álbum de fotos? No me haga tan simple, doc. Yo soy la evolución y he llegado al final del camino. Soy el ser evolucio­na­do. La meta por la que han existido miles de especies y millones de seres a lo largo de cuatro mil quinientos millones de años y tengo a todos y a cada uno de ellos impreso en mi genoma. En mí mismo, he sufrido, sentido y asimilado todas las experien­cias, todos los instintos y todas las ideas que pueda albergar la vida y de ahí que los libros ya no me cuenten nada nuevo. Yo en cambio, podría contarle a usted que he muerto y renacido billones de veces, que puedo ver un gorrión volar y saber lo que se siente, que puedo ver a un ratón huir y compren­der su miedo. Yo puedo sentir la sensación que embarga a una hormiga inmersa en su miga de pan y en su metro cuadrado de mundo, sabiéndose unida por un código de impulsos eléctricos y de feromonas, al resto del hormigue­ro. Puedo recordar sin dificultad la voluntad animal que desata el afán de procreación, evocar la fuerza con la que una vez me dominó a mí. Puedo en definitiva, comprender y recordar cualquier reacción u acción del mundo animal que me rodea, porque en todo cuanto hacen siempre hay algo, un mensaje atávico, que me resulta familiar. Desde aquel caldo primigenio de cultivo en el que se cocinó la vida, en el que yo no era más que una torpe célula que se escindió para ser dos, hasta hoy, todo está fresco en mi memoria. Sé que una vez no fui nada más que mero instinto, igual que lo fue usted, igual que lo fueron todos los demás, pero a diferencia del resto, yo sí puedo recordarlo.
Aún guardo frescas las vagas sensaciones de mi existen­cia reptiliana, aquellas reacciones simples, inmediatas, sin antes ni después, en las que un instinto básico y bruto, era lo más parecido a tener un senti­miento. Más que vivir mi vida, entonces la contemplaba y el resto del tiempo permane­cía absorto en una estar obtuso y vegetativo, en una consciencia sumamente ambigua de mí mismo y de mi condición, durante la cual ni siquiera el tiempo pasaba. Sólo era un no concepto de nada, espeso, la no conjetura resumida en un escueto código de reflejos condi­cio­nados que gobernaba mi cuerpo escamo­so. Olores, sonidos, hambre, hume­dad..., sensacio­nes que no tenían nombre, sino un impulso asociado que me hacía moverme, cazar, o luchar por una hembra. Yo una vez fui una burda bestia de pantano que mató para sobrevivir, sin ni siquiera saber porqué lo hacía. Y usted mismo, doctor, aunque no quiera creérselo, en algún rincón de su cabeza una vez no fue más que un patético macaco, que por diferentes razones, babeaba varias veces al día y se untaba el cuerpo con sus propios excre­mentos. Es duro tener que admitirlo, ya lo sé, pero en conciencia no puede negárselo sólo porque hayamos saltado ya al siglo XXI. Esa parte también es usted y debería, no simplemente recordarla, sino tenerla bien presente. Únicamente así se puede alcanzar la plena integra­ción cósmica. Yo soy la plenitud del cosmos, la memoria del génesis y de su historia. Yo soy su conclusión y nada nuevo habrá después de mí. Soy el ser ultra evolucionado, el Superser que no se enchufa. Por eso, entre otras cosas, soy inmune a las enfermeda­des, a las intoxicaciones y probablemente a la vejez. Además, puedo respirar debajo del agua y de cualquier otro líquido sin límite de tiempo. Yo ya era Yo en algún sitio, cuando el universo se hizo transparente.

5 comentarios:

  1. Respuestas
    1. El texto pertenece a la obra "Yo soy, Monólogos del loco pluscuamperfecto y homicida" ylo publiqué en la editorial Huerga y Fierro como José Luis Pérez Val. Todo lo que hay publicado en este blog es de mi propia cosecha. Gracias por su interés.

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    2. Muchas gracias por la respuesta José. Soy actor y estaba buscando algún texto en la web sobre la locura para hacer una prueba de actuación frente a cámara. Nunca recito algo sin citar al autor. Me encontré con mucho mas de lo que buscaba. Bellísimo ! Intentaré conseguir tus libros. Fuerte abrazo

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