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martes, 2 de octubre de 2012

WIFI

Era guapo, tirando a grande, probablemente una mezcla de Chau Chau y Pastor Alemán y sobre todo, tenía una personalidad especial. Uno de esos perros con un plus de entendimiento. Se acopló por iniciativa propia en casa, en plan okupa, en contra de la opinión de todos (ya teníamos cuatro mastines) y el nombre, "Wifi", se lo pusieron mis hijos, en vista de que no había forma de ponerle una correa, o tratar de sujetarle.

-Este perro es que va sin cables.

Y así ha vivido en casa siete años, yendo y viniendo sin cables, a su antojo y a su banda ancha, por la hectárea y media de parcela, hasta que se le han acabado las pilas. Nunca acudió a la llamada, sólo cuando él quería se te acercaba y se restregaba contra ti, nunca consintió en meterse bajo cubierto, prefería el cielo raso, un agujero en el parterre, o el paraguas de un pino. Defendía el territorio a muerte y ni siquiera tenía prisa por comerse el pienso que le daba. Me quedo con la curiosidad de saber exactamente la edad que podía tener, ya que cuando llegó a casa era un perro más que maduro y trotado, un súper viviente nato, a juzgar por cómo tenía la boca y por su forma anquilosada de moverse. Unos nueve o diez años, le calculé entonces y aquí en casa, ya digo, ha vivido siete más. Muchos años para un perro de su tamaño, que en cualquier caso pasaba ampliamente de los quince. Acabó ganándose su sitio, ganándose mi respeto y ahora que se ha ido, veo que el “jodio” también ha conseguido, que hasta le vaya a echar de menos.
Hasta siempre, amigo okupa.

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