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miércoles, 14 de noviembre de 2012

¿Viva la gente?

Cuanto más conozco a la gente, más me gustan las personas.
Es decir, que no por mucho marsupial amanecen más canguros, ya que no es lo mismo un esquí mal colocado, que un esquimal colocado. Ni parecido, vamos. Pero es que tampoco es lo mismo, coger y echar a andar por la calle de Claudio Cuello, que coger a Claudio por el cuello y echarlo a andar por la calle. Como tampoco es lo mismo, María, pon al fresco el besugo, que María ponte fresca que ahora subo.
No nos empeñemos, no tiene nada que ver, suena parecido, pero hay abismos de neuronas entre los dos conceptos. La gente es una cosa amorfa, sin cara, de aspecto colorido e intención inespecífica, -(¿hacia dónde coño va la sociedad?) -sujeta a un raciocinio y comportamiento ajenos, imbuidos, políticamente correctos y a poder ser conformistas. Las personas, en cambio, son mundos, galaxias y universos de opinión, de ideas propias, de criterio, de formación. La gente es biblioteca pública y las personas son libros. Las personas tienen enjundia y la gente sólo prisa. Las personas miran a los ojos, la gente no tiene mirada. Las personas compran, la gente consume. La gente transita, las personas pasean.  La gente imita, las personas aprenden. La gente molesta, las personas acompañan... Y lo peor de todo es que la gente nunca se muere y que las personas, sí.
Yo apuesto por la persona, antes de que el Sistema acabe por diluirla del todo en pro de la masa ciudadana, apuesto porque crezcamos y nos desarrollemos más en el concepto persona que en el de gente, porque  dejemos de ver a los demás como un bulto de carne y, sobre todo, porque dejemos para los cabreros las doctrinas propias de los rebaños.



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