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martes, 19 de febrero de 2013

Carta a un Hijo (sobre política actual)


Mira hijo, la ironía es el último refugio de las mentes sanas cuando el círculo del sistema se ha cerrado y ya están todas las batallas democráticas perdidas de antemano. ¿Qué te gusta más, A o B, cuando sabes que tanto A como B son el sistema? Por que eso es el sistema, ¿sabes? Bancos, política y mucho dinero repartido entre muy pocos ¿Prefieres la guerra?, ¿La revolución de los pacíficos que desengrasen el viejo máuser del abuelo y salgan a tomar al asalto el Congreso? Obviamente es la otra opción, pero es la peor y al final se vuelve a lo mismo, por que poder y corrupción van siempre de la mano y son inherentes al ser humano. Así que nada de victimismo, pura y cruda realidad. El ciudadano hace ya mucho tiempo que se dejó comprar por eso que los tontos llaman Calidad de Vida y ahora que descubren el engaño de la timocracia, no van a salir a la calle a perder lo poco que tienen. Yo viví el Franquismo, la Transición, el nacimiento de la Constitución y de los partidos, vi como España aprendía a ser menos “Franca” y a hacerse más “Realista” , vi como a todos se les iba despertando la afición al confort y al 4x4, en detrimento de las ideas nobles y altruistas de la nueva España ,y ya entonces supe que iba a ser todo una gran filfa. ¿Democracia, dos partidos? Es absurdo, la democracia bipolar no es democracia, es timocracia, es mamandurria institucionalizada, nada más.
Así que al final el dinero y el pelotazo ganaron las elecciones y a las promesas y a las palabras bonitas las empezaron a llamar demagógia y utopía. Todos somos corruptos en mayor o menor medida y nuestros políticos sólo son nuestro reflejo. Seguramente lo que nos merecemos.
Hubo un tiempo en el que nos llamaron la huerta de Europa, pero no sólo teníamos cereales, lechugas y naranjas, teníamos ganadería, cabaña de ovejas, vacas, cerdos y sus derivados por toda la geografía, teníamos carbón, astilleros y acero, hidroeléctricas, fábricas de coches y de camiones propias. Teníamos flota pesquera,juguetes, calzado, el mejor aceite del mundo, una producción vitivinicola de primera calidad y un humor de cojones, teníamos la peseta y como no, teníamos a papá sol y mucha playa, con un turismo lúdico, multicultural, y de alto poder adquisitivo. Además, la gente vivía con las puertas abiertas y se paraba en la calle a charlar, los niños podían jugar en la acera, la inseguridad ciudadana, era una cosa que usaban en Nueva York... Pues bien, todo eso fue el precio que tuvimos que pagar por entrar en la CE. Lo llamaron cupos y servían para regular nuestra producción en todas esas cosas mencionadas, de manera que exportáramos menos, e importáramos más. A cambio, entrábamos en el club de los chachi pirulis, nos convertíamos fundamentalmente en un país de servicios, y lo mejor de todo, nos daban un chorreo de dinero en concepto de ayudas durante veinticinco años. Y de eso hemos vivido hasta ahora, de rentas, de subvenciones y del ladrillazo. Un globo inflado desde Europa, condicionado desde Europa, dirigido desde Europa y finalmente pinchado desde Europa. Nuestros gobiernos se han limitado a seguir el guión, a medrar y a cobrar comisiones y favores. Los bancos mandan, los perros ladran y la caravana pasa. Y ahora nos queda un final de fiesta como todos, amargo, desordenado y resacoso.
Es fácil culpar a los políticos porque son los que más han zampado, pero a esta fiesta hemos ido todos. Algunos, es verdad, no han sabido ni guardar las formas, han comido con las manos y han eructado en la mesa, y a esos, por simple terapia, por deporte y por que se lo tienen que tragar porque lo llevan en el cargo y en el sueldo, los critico, y les caricaturizo con ironía, sean del equipo A o del equipo B. ¿No comprendes que los dos son el mismo equipo? Es el recurso de la pataleta. Dos partidos, otro de bisagra, un puñado de comparsas y a todos les pesa el pañal.
¿Remedios? ¿Soluciones no violentas? Algunos creemos que las hay. Ahora tenemos la tecnología suficiente como para pensar en una tercera solución viable, que no sea aguantarse o matarnos unos a otros. Si uno se lo piensa detenidamente, gobernar un país económicamente hablando es fácil. Básicamente, se trata de recaudar y de administrar el gasto. Ahí es donde nace la mamandurria y dónde radica el problema a atajar. La informática es insensible a la tentación, inmune a sentimentalismos y ambiciones, a dejarse comprar. El dinero tiende a pegarse en los dedos y por cuantos menos pase, mejor. Presupuestos, multas, licencias, impuestos, concesiones, adjudicaciones, tasas, etc, todo eso hay que sacarlo de la circulación, informatizándolo. ¿No ponen cajeros y parquimetros? Pues cobradores con frac de acero y corazón de silicio. Un programa para todos, el mismo en cada ayuntamiento, en cada ministerio y en cada administración, colgado en la red y a la vista de todos. Los chanchullos y los acuerdos feos se hacen en los ayuntamientos. Controlemos cada uno nuestro pueblo, nuestro barrio, o nuestra ciudad, su gasto y su gestión, sus adjudicaciones y concesiones, su recaudación, votémoslas desde casa personalmente con un DNI informático. Las autonomías sobran, sólo son más mamandurria y duplicidad de gasto. Es mejor un estado federal. ¿Y los políticos? Los estrictamente necesarios para coordinar propuestas y sin capacidad de decisión, para hacer leyes más justas y rentabilizar nuestros esfuerzos y nuestra inversión, en la línea de garantizarnos una vida más confortable y segura (O sea, por lo que se supone que hacemos todo lo que hacemos cada día). Cuando no tengan nada que ganar, se irán los sinvergüenzas y volverán los políticos humanistas. Simplifiquemos el sistema.
¿Y el ladrillo, las recalificaciones, los planes de desarrollo urbanísticos...?  Por sorteo y con la aprobación y seguimiento público de presupuestos y adjudicaciones. Sin datos de particulares, sin intoxicación política, bancaria, o de empresas constructoras. A la vista de todos en la red.
¿Y los bancos? A trabajar para nuestros ahorros, a no vender diez veces el mismo dinero y ha llevarse unos márgenes de beneficio controlados por ley. O sea, por nosotros. Invirtamos las tornas con la banca. Es nuestro dinero el que les hace ricos, mientras nos hipotecan. El resto mercado libre, pero libre de verdad, sin monopolios encubiertos (Energías, carburantes, telefonía, ITV, loterías), ni cotos privados (alimentación, textil, autovías), sin acaparadores de mercado (prensa, radios, tv) sin lobbies influyentes que dicten la política a su conveniencia. Nosotros somos más.
¿Y a nivel nacional? Fundamental y prioritario, invertir en nuevas formas de energía, de ahorro de energía más bien, empezando por Tesla y pasando por todas las energías alternativas que se puedan probar. Invertir en investigación médica, industria y en educación. En Sanidad, turismo y patrimonio cultural. Es difícil, pero no imposible, hijo, es sobre todo un camino, el único que nos queda antes de que nos pise del todo la rueda de los que se reparten el mundo y nos empiecen a cobrar por respirar. O eso, o la esclavitud,... o la guerra.

1 comentario:

  1. Estas serian buenas soluciones. Totalmente de acuerdo en todo.

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