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viernes, 22 de febrero de 2013

Hay vida después de la crisis



Y allí, encaramado a la tribuna, su brazo derecho (siempre el derecho) subiendo y bajando como un terco diapasón, a cuyo extremo una mano con el dedo índice unido al pulgar, pareciera masturbar con asco al aire, estaba él. Casi levitando, la voz más firme que sus palabras, soplando eses que pedían a gritos la intervención de un logopeda, el señor de la barbita, anunció triunfalmente que hay vida después de la crisis, como si no se hubiera enterado de que ya van 125 suicidios por desahucio, o no le diera el magín para asacarse una frase menos inoportuna. Un patán desafortunado, que fue estruendosamente aplaudido y celebrado por su claque de parásitos altruistas.

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