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sábado, 6 de abril de 2013

(ECM) Experiencia cercana a la muerte.


He estado muerto y he resucitado. Durante siete minutos he permanecido en el otro lado de la vida y se estaba tan bien que me hubiera quedado allí para siempre, pero aún tenía cosas pendientes a este lado. Después de tres días en coma, dos en la UCI y dos más hospitalizado en planta, he vuelto a casa. Una muñeca rota, una conmoción cerebral, tres dientes rotos, la barba del loco y la cara como si viniera de aguantarle doce asaltos a Mike Tyson. Podía haber sido peor, pero tengo la cebeza dura. Hoy he vuelto a casa, a mis árboles, a mis perros y sobre todo a mi pareja, mi niña, que no se ha separado ni para dormir de la cabecera de mi cama. Hoy he vuelto al primer día del resto de mi segunda vida, en la que pienso seguir montando en moto y esquivando furgonetas que se saltan los ceda el paso. Nunca he tenido miedo a morir, seguramente porque he conseguido llegar a mi edad con la tranquilidad de conciencia que da el saber que he dado más de lo que me han dado a mí, pero ahora sé que la muerte sólo es deshacerse de la prisión del cuerpo, del peso de la materia. Hoy sé con toda certeza que hay un lugar donde la verdad y los nuestros, nos están esperando. Hoy sé también con toda certeza, que según nos hayamos portado, no todos iremos allí. 

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