Fotogalería

miércoles, 23 de octubre de 2013

La verdad escuece...

La verdad escuece, uno se cae de la bici, de sí mismo y se rompe las costuras de la piel por patoso. Y duele, claro que duele. Es verdad y duele, las dos cosas. A los cinco minutos sin embargo empieza a escocer, (no sé una cosa del retardo y de los efectos secundario/laterales) y escuece por dentro y por fuera con el mismo entusiasmo sado imparcial del que lo mismo le dan ocho que 21,5. En eso el escozor no tiene preferencias, te escuece por fuera, porque la piel tiene esa manía y esa forma cafre de avisarte de que te has escoñado y te escuece por dentro, porque sentirse un tonto, patoso y grotesco que rueda por el suelo delante de todos, no contribuye precisamente a subir el índice de auto estima. Bien, pues con las otras verdades pasa lo mismo, están ahí, uno quiere disimularlas, hacer con ellas un “Huy qué caída más tonta”, pero no cuela y siguen escociendo. Las tiritas no sirven, no.

No hay comentarios:

Publicar un comentario