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sábado, 25 de septiembre de 2010

Gratitudes

...a todas y a todos los que estais dejando comentarios. Os lo agadezco en lo que vale, porque ya sabeis que en un blog los comentarios son la vida. Ni que decir tiene que acepto ideas, sugerencias y peticiones del lector, en cuanto a cómo hacer el blog más ameno.

Un cordial saludo a todos y gracias otra vez.

Sandiablo.

jueves, 23 de septiembre de 2010

Tres frases para hoy

(No sé de quién es la frase, pero me encanta)
Antes era un hombre indeciso,... ahora no estoy seguro.

(Esta es de don Woody Allen)
Mi mujer es una inmadura, cada vez que me estoy bañando, se mete en el baño y me hunde los barquitos.

(Y esta la digo yo)
Las mismas mujeres que dicen odiar la mentira y que piden a los hombres sinceridad, son las que luego se quitan diez años cuando entran en los chat.

domingo, 12 de septiembre de 2010

Demencia Senil

Ayer, mi madre, se volvió a morir otra vez para mi padre. Dentro de su desconcierto, de su maremagno cortocircuitado de memoria enferma, amaneció sentado en la cama, preguntando por ella. Era la primera vez que lo hacía desde que falleció hace tres años.
-Hola hijo, ¿tú no sabes dónde ha ido tu madre?. Estábamos aquí los dos, esperando que vinieran a recogernos los del hotel, y ahora no sé dónde se ha ido. Yo es que no entiendo dónde se puede haber metido esta mujer… ¿Tú acabas de llegar?
-Sí, papá, acabo de llegar, le respondí, aún con el pijama puesto ¿Dónde os vais mamá y tú?
-Pues… ¿Tú ya has hablado con ella?... Es que estamos aquí esperando a que vengan a recogernos los…
-Sí, ya sé, le interrumpí, los del hotel, no te preocupes, ahora llegarán y mamá viene ahora también, me ha dicho que vayas desayunando.
Supuse que entre que lo levantaba y se tomaba las pastillas con el café, se le olvidaría el asunto, pero no se le olvidó y siguió preguntando por mi madre hasta el medio día, cada vez más alarmado. Para cuando acabó de comer, su agitación ya era casi angustia.
-¿Es que le ha pasado algo? ¿Le ha pasado algo malo y no me lo quieres decir?
Al final opté por refrescarle la memoria de la manera más suave posible.
-Pero papá, ¿es que no te acuerdas ya de lo mala que estaba mamá? ¿No te acuerdas que estuvo así muchos años,… con aquella cosa que se llamaba policitemia?
Mi padre me miraba con los ojos de un niño desamparado y sin mucha convicción negaba con la cabeza.
-Sí, hombre, ¿cómo no te vas a acordar?, insisto, fue hace tres años, al final la cosa desembocó en una leucemia y se nos fue en quince días,…el 7 de enero del dos mil siete, ahora estamos en el dos mil diez, papá. Eso ya pasó.
Después mi padre ya no dijo nada, me miró cómo si no me conociera y se dejó meter en la cama. Cuando se despertó de la siesta, siguió absorto en sus pensamientos, hasta que a media tarde me llamó y me dijo:
-Sabes, tú madre se ha muerto de leucemia.

martes, 7 de septiembre de 2010

La suma

Incluyéndome a mí, la mejor persona que conozco, es la suma de todo lo bueno que había en todas las personas que he conocido. Lo demás era un desperdicio.

viernes, 3 de septiembre de 2010

Fin de Fiesta

Hoy es ese día en el que se apaga el bullicio de la sierra. En el que una caravana de bacas ahítas de bultos, bicicletas y nostalgias forma una serpiente roja de pilotos traseros y emprende el éxodo hacía Madrid, dejando tras de si el estruendo del silencio.
Hoy es día de prisas y maletas, de cerrar contraventanas y echar el candado a la verja. Hoy es día de adioses y hasta siempres, de volver a casa un poco triste viendo discurrir hacía adelante el invierno y hacia atrás la carretera, las lisonjas del estío, su relajo, su pereza.
Una aire de resaca de lunes tonto flota en las urbanizaciones vacías, sobre piscinas dormidas y terrazas semidespiertas. Un eco de voces y de agua, de barullo de mercadillos y de tiendas, recorre aún las calles desiertas del pueblo siguiendo un reguero de papeles y de cáscaras de feria. En el centro de la plaza, sin darse por enterado, un viento que huele a olvido, se arremolina a sí mismo y baila con ese silencio pesado que marca el final de la fiesta. Hoy es ese día.
Como si también quisiera significar el fin del ciclo a su manera, el cielo se viste de nubarrones por Abantos, por Maliciosa de tormentas, echa una gabardina sobre su traje azul, y se cubre con una boina de sombras que apaga los colores resecos del valle y emploma el brillar de las laderas. De un día para otro todo ha cambiado. Baja la temperatura, calla el campo, se aquieta, y en el aire adormecido por el que nada vuela, queda la ausencia zumbante de miles de insectos que husmean un latido de calor en las rendijas de las puertas.
Luego cuando una brisa que trae preludios de cambio, acuna levemente los berceos, las primeras gotas de una lluvia gruesa y retumbona empujan hasta la ventana la bruma de un otoño anticipado. Como si no tuviera prisa, esa primera lluvia, que inexplicablemente empapa el alma de añoranza hacia nada concreto y apremia a hacer algo que no se identifica, se deja ir mansamente sumiendo la alegría de la calle en un mutismo pensativo, en un ir y venir de miradas ausentes que deambula por las aceras.
Hoy es día de manga larga, de guardar ropa ligera en el armario pertrechada de naftalina, de asomarse al largo túnel del invierno y decirle al tiempo: Espera.
Si parezco un poco abatido, que lo estoy siempre por estas fechas, no es que haya desayunado mal, no es que me falte algo, ni es la depre de los cincuenta. Es el final del verano, que pasea ya por la Sierra.