Fotogalería

viernes, 23 de diciembre de 2011

¿Ya?

¡¿Ya?! ¿Tanochenochebuenaymañanavidad otra vez? ¡Jodo, qué velocidad lleva el calendario! Pero si yo estaba todavía asimilando el final del verano, el síndrome post vacacional, el cambio de hora, y la compra de calcetines gordos. Claro, con razón me preguntaba yo estos días atrás, que hacía toda la gente asaltando las jugueterías. ¡Qué ingenuo que soy, oye!, por un momento pensé que habían vuelto a sacar al niño que todos llevamos dentro, pero no era eso. Era el aviso de que Nicolás, el musher ese que lleva renos en vez de perros malamute, me estaba volviendo a pillar sin haber ido a por los regalos. Si es que desde que siempre es verano en mi vida, no me entero de las idas y venidas de las fechas de obligado cumplimiento comercial Y mira que el Corte Inglés te las avisa siempre con tiempo.

sábado, 3 de diciembre de 2011

Soledad

La soledad, es siempre un concepto sumamente personal y relativo. Yo, por ejemplo, desde que mi mujer y mis hijos de 26 y 27 años se fueron de casa, no me he vuelto a sentir solo nunca más.

viernes, 4 de noviembre de 2011

Google Earth le pone pene a...
















¡¿Guam?! ¿La fosa de las Marianas con pitus erectus y arrogantis? ¿Pero a esta gente quién les cartografía las aguas?. ¿Habrán pillado venido arriba a Neptuno?
















¿Y aquí, en esa zona más clara de agua, por qué me parece a mí que se ve como si algo se tratara de ocultar bajo una alfombra de pixeles borrosos?
















Y para terminar, aquí pueden apreciarse en conjunto la enorme mancha borrosa al sur de la isla de Guam y la no menos enorme mancha, o sombra, o formación faliforme, que parece unirse a otra forma oscura y poco perfilada, y que tampoco parece estar muy en consonancia con la nitidez del entorno.
"Cosas veredes Sancho que faran fablar las piedras"

viernes, 28 de octubre de 2011

Y el día 20N votamos

Glefoxinflag arestesurre nin todo gratis, comin sonsun ganas de pipí, niño que te calles. 250€ por los zapatos y grenflin faja coordinal por la derecha con capa a juego, sí, por la escalera mecánica. Te jodes por haber preguntado. Las doce y la comida sin hacer. "Cagonlamadre" de vodafone, coño pasa con la cobertura, asín no se puede hablar con la piriguiri de casa. Hoy es viernes, bien, algo tenemos claro, bluberry, gepeese y sansu... puta madre putativa, dicen que esta es la calle ande se compran los hallowin para la fiesta de mi nene en la guardería. ¡Los niños!... se pare el mundo "porfavos", que se van a disfrazar de hallowin en la guardería, mi hijo Marquitos y sus compañeros. Atropello mortal, salpicaduras y churretes de seso por las paredes de la calle Arenal. No pasa nada, era una vieja, "cagonsuputamadrelavieja" y la calle atascá y yo que no llego a la tienda de los hallowin a comprarle a mi Marquitos el disfraz de "cuandovealasfotosdentrodequinceaños,teodiaréporestohijaputa", con la ilusión que tiene. ¡Los niños! ¡Qué se pare el mundo y prohíban a las viejas artríticas la circulación, que es hallowiiiiin para mi nene y aún tengo la comida sin hacer y no consigo aparcar el Q7 ni en doble fila, ni hablar con la puta piriguiri para decirle que descongele croquetas¡. Qué insolidaridad. Por que soy de "buenafamiliaycolegiomonjas", que si nooooooo. En la radio, Julio Iglesias y ni aún así me relajo, y el puto policía municipal que pasa de mi culo, de mi sonrisa "telamamochato", de mi "escotazorayosuva" y no me deja subirme a la acera hasta que se vaya la ambulancia,... la puta ambulancia escandalosa con las letras al revés para que los veas venir por el retrovisor, ¡Siyaséqueestásaquí,paralaputasirenaportumadre¡ míralos,... EL SAMUR, que por una letra no son Rumasa si los leés al revés, se creerán que son la polla de Bedoya embalsamada en aloevera con sus chalequitos reflectantes y sus aires de héroe urbanita salvaviejas. ¡Qué despejen la calle ya cagondios, que me cierran a las dos la tienda¡ ¡Con la ilusión que tiene mi Marquitos¡ Marcos hijo, no te duermas, que ya llegamos.

Es verdad, el día 20 de noviembre votamos...

¿a qué?

miércoles, 26 de octubre de 2011

El Bosque ha Cambiado

Hasta hace bien poco, gracias a las lecciones del abuelo, me los conocía a casi todos. A los árboles de la sierra, digo. Salíamos de paseo después de la siesta (la suya) y me los iba señalando con el bastón, como antaño señalaban los maestros con el puntero los cartelones de la pizarra.
-"Este es un ciprés -anunciaba-, bonito y elegante, y serio y estirado como los guardias. Ese otro es un olmo, buen árbol y buena sombra, pero ya van quedando muy pocos por culpa de un hongo que lo parasita. Aquel de allí abajo en cambio, ese del tronco gordo y lleno de abultamientos es un alcornoque, hermoso y recio árbol también, cuya corteza sustituye a menudo el seso de muchas cabezas. Ya lo iras viendo, ya..."
Los fui viendo efectivamente y el resultado es que a fuerza de pasear, me los acabé aprendiendo todos con sus bienaventuranzas y peculiaridades correspondientes. Desde el imponente castaño de indias capaz de dar sombra él solo a una área de terreno, hasta el impasible roble de granítica ebanistería que ya sólo formaba bosques en los salones bien amueblados, pasando por el álamo blanco, que traía el rumor y la brisa del mar en sus hojas. También estaban el abeto puntiagudo con sus cien enaguas de rama plisada, el pino negris de forma irregular y tronco oscuro que albergaba a la procesionaria, y el piñonero; Señorial, copudo y proporcionado centro de hermosas piñas para solaz esparcimiento de las ardillas.
Me sabía el álamo temblón que sólo tiritaba en verano, el sauce llorón bebedor insaciable y sibarita de las piscinas, y el prunus violáceo, o árbol pavisoso, eternamente ruborizado. Me sabía la arizónica de raudo y espeso seto, el enebro de bayas de gin-tonic y el madroño emblemático y sin oso, desde que allá por el XVII, Sancho IV se cargara el último de la zona. Me sabía el avellano generoso, el almendro florido, el algarrobo gorrino, la encina de buena brasa y hasta la secuoia giganteum traída desde otro mundo, para que creciera a paso de tortuga en la finca de un vecino. Me sabía todo eso aunque más que la botánica tirase de mí la zoología, y dudo mucho que hubiera en toda la sierra un árbol, arbusto, o mata, que no me hubiera sido presentado por el abuelo.
-"Aquí una acacia, aquí mi nieto".
Ahora, el bosque ha cambiado. No sólo en extensión y en variedad, sino incluso en la materia que lo conforma, y me las veo negro para identificar lo que veo. Plátano o sabina, antes todos los componentes del bosque estaban hechos de madera, mejor o peor según para qué, pero de madera. Ahora en cambio, no. Ahora la mitad de los árboles que uno encuentra en el paisaje son de hierro y acero y tienen nombres tan peregrinos como; Torre de alta tensión, Repetidor de televisión, o Paraguas de telefonía móvil. Ahora en vez de hablar con mis hijos de las excelencias del chaparro mientras paseamos, hablamos del alcance de las ondas de radio, del campo de fuerza zumbón que se genera bajo los cables, o del silencio que genera el paraguas telefónico entre los pájaros.
-"Mira niño -le digo-, eso son cuarenta y cinco mil voltios suspendidos de un hilo."

sábado, 15 de octubre de 2011

Smog







Pues ahí, debajo de esa boina que apenas deja ver los edificios babelianos de Madrid, respiramos casi siete millones de habitantes, escuchando cosas tan peregrinas como que a los que fuman hay que cobarles un plus de Seguridad Social.

¿Va de coña, no?

jueves, 6 de octubre de 2011

Tu Mirada

Reír con la boca y llorar con los ojos. Es verdad, esta cara es lo que hacías antes de aprender a llorar sólo de risa.

Seguiremos practicando.




miércoles, 28 de septiembre de 2011

Mirando bonito

Mi cámara de fotos ha salido esta noche de marcha y ha vuelto con el zoom en erección y deslumbrándose a sí misma con el flash... según dice, así consigue mirar las cosas cotidianas de una forma más bonita.

Hombre, más peculiar sí que se ve que las mira, sí, pero yo para mí, que en lugar de entrar en un bar de pilas alcalinas, o en el chino de electrónica variada El Ley del Tlansfolmadol, esta se metió directamente en el centro de transformación del barrio, de Ibertrola y ahora ni con el efecto "ojos rojos" puedo hacer que mire normal para sacar una foto seria, que he de mandar sin falta al seguro.

-Bzzzziii, bzzziii- se tambalea la muy viciosa, haciéndo por mantener el obturador abierto, mientras la lavadora sigue vomitando espuma a mis pies.

lunes, 26 de septiembre de 2011

Hoy

Hoy, por fin, después de 30 años de calvario, he conseguido deshacerme del cancer que padecía.

lunes, 19 de septiembre de 2011

In Memoriam Rufino de Propios

Hace quince años, cuando escribía articulos de opinión en la revista Apuntes de la Sierra, escribí uno que, a modo de homenaje, hablaba de los hombres y mujeres que con su esfuerzo y su resistencia, habían puesto en pie la sierra de Madrid, tal y como la conocemos hoy en día. Uno de esos hombres era Rufino de Propios y decía esto de él.


Me gusta que Rufino venga a verme a esa última hora de la tarde, que se siente conmigo en la tapia, los pies colgando a la puesta de sol y, me vaya desgranando su existencia entre sorbo y sorbo de cerveza. Rufino es hombre de gorra y de navaja. De almuerzo de pan con queso y madrugón.
-De los de mi quinta ya vamos quedando pocos- suele decir a menudo con los ojos aún soñadores y nublados de cataratas, puestos en la lejanía. Y en efecto ya nos van quedando pocos hombres como Rufino de Propios. A sus setenta y ocho años lo primero que sigue llamando la atención en él, es que un alma tan grande y tantas inquietudes juntas, le quepan en un cuerpo tan pequeño.
-Tampoco hay que exagerar ¿eh?, que pa ir al ejército servía.
Igual que todos aquellos hombres que se han hecho a si mismos, Rufino de Propios, o R. de P. tal cual gusta de firmar, tiene mucha mejor nota en la asignatura de la vida que el común de los mortales. Pero eso sí, como era la primera vez que se hacía, se salió un poco más corto de lo que le hubiera gustado. O sea, en plan resumen. Aunque por otra parte, eso también, fuerte como un toro, cualidad que por aquel entonces era muy valorada.
-A tu edad, piedras tal que como esa, un suponer- dice señalando un meño de dimensiones respetables que corona una tapia- me las movía yo con la punta del cimborrio.
Ahora, lógicamente, los tres cuartos de siglo que lleva a cuestas, le han doblado un poco las fuerzas y los hombros, y educado en la prudencia como soy, por lo otro ni le pregunto. Rufino tiene una sonrisa franca, enorme que le tapa toda la cara y se la llena de dientes y, los setenta y ocho años arrugados en mil pliegues cobrizos entre la gorra y las cejas. Cuando se queda inmóvil, lo que es bastante raro, parece un tronco viejo. Pero sólo lo parece por que, de verdad que cuesta creer que en apenas metro y medio de carne, se almacene tanta energía.
Este año, por ejemplo, con la misma ilusión que hace recibir una carta de la novia en la mili, esperaba a que empezara a caerse el otoño de los árboles para salir a buscar níscalos.
-También se llaman mízcalos-me explica- y en algunas zonas de pallá, pa los montes de Cuenca les llaman mízclos.
-Su nombre fetén-le digo yo- creo que es Lactarius Deliciosus.
-¿Lacta..que?- se ríe con su risa enorme- Si los llamas asín no salen. El níscalo es mu tímido y con ese latinajo se asusta y se queda bajo tierra hasta el año que viene...
-...Que es precisamente lo que debe estar ocurriendo este, por que no se ve ni uno- apostillo.
-¡Si es que no ha llovido na! - echa los brazos al cielo- Este año, lo regao por lo comío y lo pagao por lo servío.
Rufino tiene los ojos pequeños y algo juntos y, del ejército en el que sirvió durante seis años, entre el treinta y seis y el cuarenta y dos, se trajo dos tatuajes muy bonitos que adornan sus brazos (uno de ellos, es un ejemplar genuino de "Amor de Madre"). Mientras pienso en qué rayos habrá querido decir con todo ese galimatías del regao y lo servío, entro en casa a buscar otro par de botellines.
-Aquí los mozos, ahora le llaman botijos.
-Pues a por dos botijos, no se hable más.
Rufino es muy limpio, muy escrupuloso y muy, muy aprensivo. Por eso el segundo botijo se lo bebe a morro, igual que el primero, aunque un poco a escondidas de sí mismo y con sorbos más espaciados. Nunca ha sido un gran bebedor y jamás ha fumado, pero desde que el médico del seguro le dijo que tenía que empezar a cuidarse, se dosifica.
R. de P. comenzó su autoedificación muy pronto, en San Bartolomé de Pinares, provincia de Avila, pueblo en el que nació. De allí eran sus padres y demás familia y aunque desde hace mucho esta afincado en esta parte de la sierra y más en concreto en Collado Mediano, aún conserva por allí algunas viñas.
-La existencia- cuenta refiriéndose a su infancia- era entonces mu durísima y no se podía andar perdiendo el tiempo con tontunas. Nada se regalaba y había que crecer enseguida para ayudar en la casa.
Seguramente, esa debió ser la razón de que todo en su vida fuera siempre tan deprisa. De que dejara atrás la escuela y la niñez como si fueran una rémora molesta y de que a los nueve años él ya tuviera quince o dieciséis y pudiera empezar a pastorear las ovejas de los terratenientes.
-Salí del pueblo con doce abriles y, desde entonces no he hecho más cosa ninguna que trabajar como una mula.
De aquella escueta infancia que dejó a medias, le quedaron una caligrafía con ortografía bastante suigeneris, un leer tartamudo de eterno colegial y algunas palabras que se le mueven de sitio.
-Las plantas puen ser de dos clases, de interior o de posterior.
-Lo que tu digas Rufino. Oye, ¿tú cuantos tiros pegaste en la guerra?
-¡Uy, madre!- vuelve a reírse- La guerra me cogió a mi medio distraído con el rebaño y se terminó antes de que llegara a entenderla. Así que tiros, lo que se dice tiros, la verdad es que pegué pocos y todos a los conejos. !No veas que hambrunas pasábamos¡. Lo que sí que di en cambio, mira por donde, fue algún que otro sopapo. Eso sí. De joven era yo mu peleón.
- Me estas engañando Rufino. Yo sé que no fue así y que estuviste metido en todo el fregado.
Debajo de la gorra, en la oronda calva, tiene un picor que se rasca siempre que se queda pensativo. Al otro lado de la calva, bajo su piel de tronco viejo y sus toscas maneras, hay muchas cosas guardadas.
-Pues claro que pegué tiros hombre. A ver que iba a hacer si no. Me reclutaron cuando empezó el conflicto y me recorrí todos los frentes con las fuerzas de choque. Asturias, Cataluña, Teruel, Madrid, Guadalajara, Toledo, Bilbao... hasta bombas de mano llegué a tirar y todo.
Rufino gesticula con sus manos que todo lo dicen, con sus callos que tanto hablan y mientras nos repartimos un último rayo de sol, la mitad para cada uno, me cuenta cosas de los días en que trabajaba en el Valle de los Caídos y en Becerril. De cuando estaba empleado por el ayuntamiento, o era operario en la construcción. De los años que pasó como acomodador en el cine del pueblo, o haciendo de cantero, o de jardinero, o de lechero, o de peón caminero, o...
-En dónde no habré trabajado yo- se pregunta con una mano en la gorra como si se sorprendiera- En dónde no me habré buscado yo las lentejas...
Cuando terminó de hacerse a sí mismo, en vista de que no podía parar quieto, se hizo también su casa y escarmentado como estaba con las alturas, a esta, con trabajo y con paciencia, la hizo crecer dos plantas.
-Poco orgulloso que estas tú de tu casa ¿eh?.
-¡Anda leche!. Me la hice a mi medida. ¿A ver cuantos pueden decir lo mismo?.
Además de todo eso, aún tenía tiempo de ser guarda y jardinero de mi casa durante más de treinta años y, o bien desde la mía, o bien desde la suya que se ve, nunca ha dejado de vigilarla. La noche que a las dos de la mañana se echó fuera de la cama, se puso la ropa encima del pijama y del sueño y se vino con dos piedras en el bolso (bolsillo) a ver si estaban robando porque había visto una luz, se nos metió a todos en el corazón y ahí sigue todavía. (La luz, que todo hay que decirlo, era yo un miércoles cualquiera de mis veinte años, haciendo una barbacoa nocturna en la piscina con unas cuantos amigos). R. de P. se descubrió como una de esas rarísimas personas que no siempre se encuentra uno a lo largo de la vida, en la que se puede confiar ciegamente.
-Eso sí que es verdad. Por encima de todo y por sobre cualquier cosa, honrado a carta cabal.
Rufino vive solo y desde que se jubilo (si es que la gente como él se jubila alguna vez), cuando no está haciendo mejoras en su casa, en la mía, o en la de algún vecino, pasea. Si no, se va de viaje. Aunque no lo tenía muy ubicado en el mapa, hace unos años, aprovechando que uno de sus dos hijos vivía en Las Palmas, se dio un salto hasta Lanzarote, en donde estaba afincado yo y todavía me parece estar viendo su cara fascinada y sus ojos desorbitados, como los de un niño en un Parque de Atracciones.
-Mu terrible es esto. Mu terrible- decía contemplando el yermo paisaje del Timanfaya...

Rufino, como él dice, se recoge pronto. A pesar de que este otoño no traiga níscalos y parezca empeñado en disfrazarse de primavera, la noche también se viste deprisa con tules de penumbra en cuanto que el sol se escapa y la temperatura desciende sensiblemente.
Así que Rufino apura la cerveza y se apea de la tapia en la que empieza a tener fresco. Cuando aterriza, se cala la gorra, tira hacia arriba del cuello de la cazadora y se despide sin más rodeos. Claro, que él en realidad no se marcha, si no que se ausenta.
-Me ausento- dice y, con las mismas echa andar dejándote con Dios y con la palabra en la boca.
Camino adelante, hacia el pueblo, su figura se va haciendo cada vez más menuda y borrosa, hasta que se confunde con las sombras. Después de tantos esfuerzos, a Rufino le queda su casa sin nadie y la tele. Le queda una cena ligera y la cama. Y la satisfacción de saberse uno de los muchos pilares de carne y hueso, que con argamasa de tesón, sudor y sacrificio, contribuyeron a poner en pie la sierra. A hacer de ella el próspero negocio que es hoy para sus habitantes.
Mucho es lo que a la gente como Rufino se le debe por estos pagos. Y aunque su modestia no lo diga, ellos saben que a diferencia de otros que lo hicieron a golpe de talonario, o desde la comodidad de un despacho, su generación se llevó la parte más dura de esta tarea, y todo cuanto hicieron fue a costa de riñones y de callos.
- Pero no de los que engordan, ¿eh?, a ver si nos confundimos.
- No me confundo Rufino. Está todo muy claro.
- Ya vamos quedando pocos...

***
R de P se ausentó para siempre el pasado 15 de marzo, a los noventa y tres y dentro de muuuchos años, cuando ver la televisión sea sólo un vergonzoso recuerdo del pasado y hayamos dejado de considerar como héroes y ejemplos a imitar a entes tan desafortunados como el chulo pelotero C. Ronaldo, o al pútrido E. Botín, volveremos nuestras miradas hacia personas como Rufino de Propios y aprenderemos de ellos lo que es vivir con dignidad.

viernes, 9 de septiembre de 2011

La Pedriza




























































































"Tórrido mes de septiembre en la sierra de Madrid"... "Registros termométricos inusitados para estas fechas"...


Hay que ver lo que se complican la vida los metereólogos para decir que hace un calor que te vas en churretes. En cualquier caso, lo mejor para los churretes del calor, sin duda, es el agua fresquita y mejor aún que el agua fresquita de un grifo, el agua fresquita de un río murmurando con las piedras. Hoy no hay dibus, hoy sólo hay fotos de murnullos fresquitos que hice ayer en el curso alto del Manzanares, donde aún nadan los peces, la piel del agua es de seda y las piedras flotan.

jueves, 1 de septiembre de 2011

La Tormenta ( cuento infantil)

La tormenta entró por el este una mañana, un poco antes de que lo hiciera el sol y se quedó todo el verano en el valle, rebotando de colina en colina.
Al principio era pequeña, compacta. Un bebé de tormenta inseguro y variable, que sonrosaba u oscurecía su piel de nube, probándose, descubriéndose a sí mismo sus capacidades. Y seguramente sorprendida con el poder que desataba en su interior, todos los días durante media hora de la tarde, descargaba sobre nosotros sus esfuerzos infantiles en forma de lombrices luminosas y amortiguados retumbos, que se parecían más a una vibración que a un ruido. Y todo salpicado, rociado más bien, con frescas gotas diminutas, que después dejaban minúsculos charcos en el suelo.
Recobrando el tono rosa, encogiendo y dilatando sus bordes como si resoplara, se quitaba entonces de delante del sol y esperaba a que el calor evaporara los charcos para reabsorber su humedad y poder comenzar de nuevo los experimentos. De esta forma, un día tras otro, a lo largo de julio y agosto, fue explorándose a sí misma en cada rincón del valle, perfeccionando el grosor de sus lombrices e imprimiendo a sus retumbos un tono cada vez más modulado.
Contra la lona de las tiendas en las que estábamos acampados, podíamos comprobar también como sus gotas arreciaban en tamaño, rapidez y cantidad, y al final, familiarizados con ellas, esperábamos y agradecíamos que su frescor mitigara la alta temperatura. Era, sin duda, nuestra amiga tormenta. Una más del equipo en aquel campamento de arqueólogos.

A primeros de septiembre, sin embargo, los vientos que volaban por encima de los picos más elevados, empujaron hacia nosotros unas formaciones nubosas, deshilachadas y desperdigadas, que aunque tardaron casi una semana en agruparse en una amenazadora borrasca, cuando lo hizo, cubrió de sombras todo el valle. La pequeña tormenta, recortada contra su fondo, a punto de hacerse indistinguible, parecía un simple grumo.
Cuando al fin se desató la tempestad, durante horas y horas de la noche, soplaron furiosamente los vientos de un lado a otro, zarandeando la vegetación y las tiendas, llovió y granizó llenando de riachuelos las laderas, tintando de blanco las cumbres y estremeciendo con duros y secos fogonazos, el ánimo de los más curtidos moradores del valle. El mundo entero pareció desplomarse encima de él y hasta la luna pasó por el cielo de puntillas esa noche. Sin embargo, cuando llegó el alba, todo había terminado. La gran tormenta se había deshecho por completo y el firmamento volvía a ser radiante y azul. Con un aire fresco y curioso, se miraba la cara por sectores, asomándose al espejo de las improvisadas lagunas, en que se habían convertido los charcos.
Por doquier, la violencia del vendaval había dejado un reguero de pequeños estragos entre la población arbórea, derribando o chamuscando a alguno de los más grandes y viejos de ellos. Las tiendas y el equipo de excavación, salvo algún que otro desperfecto sin importancia, habían salido indemnes. La excavación en sí, por culpa del barro arrastrado, era ya otra cosa.
En cuanto a la pequeña nube que aprendía a ser tormenta, empujada hacia el suelo por la presión que ejercía la grande, había visto reducidos sus ímpetus juveniles a una neblina poco firme y vacilante, que se apretaba contra las cotas de la parte más baja y espesa del terreno, en un último, desesperado esfuerzo, por mantenerse unida. Me pareció insignificante y vencida y pensé que en cualquier momento una ráfaga de viento la disiparía, pero mucho antes de que el sol apuntara en lo más alto, había logrado recobrarse lo suficiente para formar un nuevo y pequeño grumo y situarse a unos seiscientos metros de altura, allí donde el aire tendía a enfriarse y, justo en la vertical del centro del valle.
Luego, cuando en las horas de más calor, todo el agua caída durante la noche, empezó a evaporarse formando una espesa columna blanca, como de un humo sin fuego, ella se apresuró a capturarla, a absorberla con diligente avidez y pronto, su pequeña forma compacta, inició un rápido y desmesurado crecimiento. Ante nuestros divertidos ojos, muy pronto duplicó y triplicó sus dimensiones y lo siguió haciendo una y otra vez, en el transcurso de la tarde hasta conseguir ocultar al mismo sol. Ya para entonces ocupaba casi un tercio del cielo, y el valle empezaba a quedársele pequeño. Con las últimas luces del crepúsculo, la vimos ascender en busca de los altos vientos y alejarse con ellos, pletórica de libertad. Nueva y orgullosa, dignamente espesada con penachos de merengue y, nos pareció que era una gran nube. Una nube hermosa e importante, que muy pronto llegaría a ser una imponente tormenta.

miércoles, 31 de agosto de 2011

El Arrebatamiento

Mucho oigo hablar últimamente del Arrebatamiento, ese día en que Jesucristo vendrá a buscar a los justos de la tierra y se los llevará al cielo, antes de que empiece el Apocalipsis a repartir estopa. Ni que decir tiene que todos pensamos que nosotros iremos montados en ese primer arrebato divino con destino ignoto (el cielo es muy lato y ambiguo), pero es que somos siete mil millones de justos convencidos, los que poblamos la canica y resulta que en la Biblia sólo hay sitio para ciento cuatro mil arrebatados. Una putada, sí y qué casualidad, que coincida con el número de individuos, (cabroncete arriba, cabroncete abajo), que según los conspiranoicos gobiernan por encima de los gobiernos de la timocracia y que son los verdaderos dueños del mundo mundial orbital planetario circular.
Yo "pa" mí, que si alguien sale de este planeta, antes de que este planeta se nos sacuda de encima a todos, serán precisamente esos cien mil y no los jotaemejotas, ni no los judíos. Así me lo ha enseñado la experiencia y así me lo dice la nariz. De los cuatro mil restantes, dos mil serían científicos, médicos, ingenieros y demás empollones y los otros dos mil irían sólo para limpiarles el trasero y seguir sirviéndoles el te. Que no, que los jotaemejota, no pueden ir, que son demasiado... influenciables. Pero si nos lo pensamos bien, esto quizá no sea tan malo después de todo ya que una vez que se hubieran marchado los supuestos artífices del cubo de basura terráqueo que habitamos, a lo mejor el planeta se recuperaba y ya no hacía falta que viniera el Apocalipsis a por el resto de nosotros, que no tenemos la culpa de nada, ¿O sí la tenemos?
En cualquier caso se me ocurre también que si nos lo pensamos todavía mejor, podríamos sufrir un arrebato generalizado, pero aquí, en el suelo, y coger directamente a esos cien mil por dónde se dejen agarrar, montarlos en una lanzadera catapulta intergaláctica made in Chi-Na-Sa, con banderines multinacionales y música de los Panchos tuneada, y mandarlos a orbitar un atolón de piedrolos gélidos en el cinturón de Kuiper. ¿Estos no sacan petróleo de una piedra? Pues hala, a perforar asteroides.
Así seguro que el Apocalipsis nos perdonaba.

martes, 30 de agosto de 2011

Paisajes (La Memoria del elefante)

-Algún día cuando me canse de pintar mis cuadros, empezaré a pintar con las pinceladas de otros, haciéndolas mías, creciendo con ellas mi talento, lo que mi talento no pueda dar de sí. Y me sentiré ufano, y sensible y culto y sofisticado,... y misterioso y arcano para los demás. Me sentiré ameno y original, ocurrente e informado,... intelectual y vanguardista, me sentiré mucho más vivo que cualquier otro mortal, porque el mundo entero estará pendiente de mi pincel.
-Sí Oscar, todos mirarán tu pincelito. ¿Te has tomado hoy la pastilla?
-Y algún día, cuando pueda también prescindir del resto de necesidades fisiológicas que me pueblan, dejaré de copiar además de pintar, y ya nisiquiera me haré el interesante con los trazos ajenos. A partir de ese momento empezaré a plagiarme a mí mismo de memoria y acabaré atragantado y muerto por asfixia, con la boca llena de colores. Pero eso ocurrirá cuando todos los paisajes que vi, dejen de venir a visitarme.

miércoles, 17 de agosto de 2011

Erotik-On (fragmento)

Espacioso, con luz, terraza y derecho a piscina, todo en cuarenta y cuatro metros cuadrados, por cuatrocientos euros mensuales y en una cuarta planta con vistas al puerto de San Antonio. Salvo, por la altura, se parecía mucho a la postal que me había hecho en la cabeza, del apartamento en el que iba a pasar los siguientes cuatro meses, cubriendo las noticias locales. Estaba claro también que tenía que jugar a la lotería y que apostar al cuatro.
Después del papeleo y de ayudarme a acomodar el equipaje a los muebles, supuse que Patricia se iría, que me dejaría acabar de instalarme con tranquilidad y aterrizar del todo, pero otra vez iba a equivocarme. El rumor de agua fue la respuesta que me llegó, cuando quise saber dónde estaba.
-Me estoy duchando –aclaró innecesariamente- No aguanto la sal contra la ropa.
Apareció cinco minutos después vestida únicamente con una toalla que no era mía, enrollada en la cabeza y con un humeante canuto, también recién enrollado, entre los labios. Se plantó así ante mí al otro lado de la mesa baja del salón, donde me había sentado a estrenar el sofá y a conectar el portátil, me miró como un gato a un hamster, miró después su reloj y por último dijo: “Aún tenemos tiempo”. Su cuerpo, que me pareció más moreno, más alto, más cercano y más desnudo, por el hecho de verlo bajo un techo, lanzaba destellos de crema hidratante, revelando volúmenes y texturas, confiriendo a sus formas una cuarta dimensión que ya no se apreciaba sólo con la vista.
-¿Tiempo para qué?
Desde luego yo no me había marcado un plan de actividades sociales, propiamente dicho con carácter inmediato, pero se conoce que Patricia tenía otra idea y que yo sí entraba en los suyos. Siguiendo con su juego del desconcierto, de pronto se frotó enérgicamente los pezones con las palmas abiertas de las manos y luego los pellizcó, tirando suavemente de ellos hacia arriba.
-¿Te has fijado en que tengo los pezones de color cereza? –preguntó como si tal cosa- No hay muchas mujeres que los tengan así. Tracy Lords, los tenía así.
-¿Y quién coño es Tracy Lords?
Hasta cierto punto aquel juego de intimidarme con su escultural desfachatez, lo que estaba consiguiendo era cabrearme. ¿Por qué clase de innoble pervertido me hubiera tomado ella a mí, si yo le hubiera plantado el celulonio delante de la cara para preguntarle si le gustaba el brillo tornasolado de mi prepucio? Aún trataba de cerrar la boca y de pensar en algo menos borde que decir, cuando se me vino encima, subiéndose a caballito sobre mis piernas, con las cerezas tracylord desafiantes, a dos centímetros de mi cara, y se deshizo del canuto, poniéndomelo en la mano.
- Toma, fuma –dijo- este me ha salido insuperable. –enseguida me empujó contra el respaldo y me echó los brazos al cuello. Un lametón de gato, impactó contra la punta de mi nariz. El tacto de su piel caliente y húmeda traspasaba la fina tela de hilo de mis pantalones. Con un suave, casi imperceptible movimiento, sus nalgas se contonearon, acoplándose a mi regazo, pegando la ventosa húmeda de su pubis contra las durezas sin esquinas del mío. Algo más que simple calor traspasaba mis pantalones ahí abajo. Me gustó todo, excepto aquel aire de seguridad, aquel apropiarse de mi cuerpo y de mi voluntad como si fuera un consolador no programado para rechazarla.
- En cuanto que pueda llevármelo a la boca lo probaré y te daré mi opinión. –le contesté tratando de parecer irónico y desinteresado- ¿qué versículo nos estamos fumando? Espero que la tinta no sea demasiado tóxica.
- Las Biblias siempre lo son, lo mejor es quemarlas. –Patricia ahora se escurría hacía mis rodillas dejándose espacio y lamía la grieta de piel que había hecho asomar desabrochando mi camisa.
- Dos generaciones de fumalibros cómo tú y volvemos a la edad media.
- Vale, pollo, corta el mitin, que me lo sé. ¿Follamos o me vuelvo al baño a tocarme yo sola?.
Follamos claro. Descarada y amoralmente, pero antes, cumplió su amenaza a medias y separándose de mí, se fue a tocarse al otro extremo del sofá exhibiéndose, las rodillas separadas a mil kilómetros de la vergüenza, la lascivia asomando a su sonrisa, impúdicamente turbios y fijos sus ojos en los míos, como si le excitara ver mi turbación.
-¿Pero tú de dónde has salido?, vamos a ver.
-De uno como este –se apresuró a jadear- ¿No te gusta? Ven, míralo desde más cerca, no seas mariquita.
Sus dedos manipularon, separaron, mostraron sin recato el último recoveco de su anatomía, sin que pudiera apreciar en ella, el menor rastro de broma a de burla. Debía estar loca o atacada de ninfomanía para comportarse de esa manera. Además su excesiva agresividad me cohibía aún más.
- Chúpamelo.
- Aún no me has dicho quién es esa Tracy Lords.
- Era una actriz porno muy famosa. –jadeó más fuerte- Ahora hace cine normal. ¿A qué esperas? ¿Te van los tíos o algo así?
Por un momento se me ocurrió que si le soltaba un par de ostias, a lo mejor y todo a ella le gustaban y yo me relajaba. Se me escapó la carcajada imaginándome la escena, viéndome a mi mismo en tal situación, mientras su toalla se desmelenaba hacia uno y otro lado del sofá como un muñeco de pelo, pidiendo más guerra a gritos. En lugar de eso me incorporé, me planté de pie entre sus piernas, abrí la bragueta de mis pantalones y le apunté directamente entre los ojos con el tono tornasolado de mi prepucio.
-Deja eso y acércate.
Estuvo bien para variar, verla obedecer y mover un ratito la cabeza, como diciendo que sí.

domingo, 14 de agosto de 2011

La Cara

La verdadera cara del político que hace promesas que no cumplirá, la del banquero que te garantiza que tu dinero estará a buen recaudo en su bolsillo, la del vendedor de seguros que te asegura a todo riesgo que podrás vivir tranquilo confiándole a él tus pertenencias, la del patético que se confiesa tu mejor amigo porque le gusta tu mujer, la de ese con cara de jibaro trasnochado que sale en la tele por las noches jurando que con su bola mágica puede cambiar tu vida si le llamas al 902 …, la del intermediario del que plantó el tomate, que compró a 3 y vendió a 100, la del que lleva la camisa limpia y las uñas renegridas cuando te firma un talón, la del dueño del bar que recicla las rodajas de limón de las cocacolas, la del que baja al perro cuando todos duermen para no tener que retirar sus heces, la del padre de familia íntegro y ejemplar que vende armas por el día y le cuenta cuentos a sus hijos de un mundo feliz, mientras los arropa por la noche, la del que mira a los niños como si no lo fueran, la del que hace negocio de la enfermedad, la del que se reviste de dignidad detrás del dinero y de la impunidad, la del aspirante a genio que pone en su boca las palabras de otros para hacerse el sensible y el intelectual,… y la de cualquier otro de esos que hay por ahí, (porque en este mundo tiene que haber de todo), malevoloporcino, cronológicamente ambiguo y medio defectuoso, que a primera vista, o sea, visto por fuera, pueda parecer interesante, inteligente y hasta guapo, pero que mirado en profundidad, sufra una metamorfosis implacable hasta parecerse (como se parece una caca a su olor), al dibu que he hecho hoy con el móvil. ¿A que todos conocemos a alguien que se parece al dibu que he hecho hoy con el móvil? (cómo mola mi móvil)
Por cierto y ya que alguien me lo preguntaba el otro día, sí, los dibujos que pongo en mis entradas han sido perpetrados por mí, en el teléfono, y son de uso público, o sea que me da igual que los copien, siempre y cuando no los usen con deshonestidad.

Amén.

viernes, 29 de julio de 2011

El Ritmo de la Ciudad (fragmento de La Memoria del Elefante)

“...En algún lugar bajo la ciudad, más abajo aún de las toperas que surca el suburbano y de las alcantarillas que surca la elegante mierda de los hombres blancos, hay un gigante amasado con huesos podridos, que sostiene un mazo en las manos, con el que golpea rítmicamente un gong de dimensiones descomunales. No obstante, arriba, a la superficie, sólo llega el sonido amortiguado de ese golpeteo como una pulsión, como un latido que cala en nosotros por los pies, se transmite a través del tuétano por la osamenta, va mutando de glándula en glándula hasta el cerebro y allí se nos incrusta en el hipotálamo como una garrapata, imprimiendo para siempre el compás de nuestra glándula pineal. Así imponen su ritmo de vida todas las ciudades.

Cuando uno sale de las aglomeraciones urbanas y le da a su organismo el tiempo suficiente para desintoxicarse, empieza a sentir ese otro ritmo que tiene la tierra, o sea el del planeta y si aún le da un poco más de tiempo, hasta puede que acabe comprendiendo la armonía.

miércoles, 20 de julio de 2011

Egolatría (frases)















      Lo más molesto de un ególatra es que se diga lo que se diga, siempre piensa que lo dicen de él.

      A algunas personas la SGAE deberían cobrarles un cannon especial por el uso abusivo que hacen de la palabra yo.

       Es fácil detectar al ególatra compulsivo, siempre que tú hagas algo él dirá "Hemos hecho" y si le dejas que te ayude, entonces usará el  "He hecho" . 

     Estas personas se sienten tan incómodas con los silencios que son capaces de contar cualquier majadería con tal de espantarlo. No es grave, sólo es un problema añadido de superficialidad.

     Si de verdad fueras el alma de las fiestas, de vez en cuando te invitarían a alguna.

       Es verdad que se te puede considerar un amigo seguro, siempre fallas.

      Eso tan grande que no te cabe dentro se llama Ego Desmedido y es malísimo tener que cargárselo a la espalda. Sobre todo por lo que cansa a los otros.

      Si miras a los demás como si fueran el mero decorado de tu vida, no te extrañe que tu vida les parezca un puro teatro.

      El peor de los ególatras es el que encima no posee ninguna habilidad especial. Esos, generalmente y a falta de otra cosa, suelen presumir de inteligencia y hasta son capaces de decir que pertenecen a alguna asociación de superdotados del estilo de MENSA, AGORA, EPSA, etc.

      Los ególatras sienten un terror cerval por la soledad, no soportan estar consigo mismos ni una hora.

       En una conversación, el ególatra es el que no escucha, porque está simplemente esperando a que te calles para hablar él. Si tardas en callarte, entonces te acabará interrumpiendo. Además, si la conversación no trata de él, la cambiará.

   Generalmente dentro de un ególatra, habita un complejo sublimado de inferioridad.




domingo, 17 de julio de 2011

Monologos del Loco ( fragmento, chinos)

En la cera de enfrente, al otro lado de la calle que no duerme y un poco más abajo de la parada del autobús, hay una tienda de todo a cien, regentada por unos chinos, que se llama El Jardín de flores de la Montaña de Sol. Te giñas, vamos. La mujer que se ocupa del mostrador es alta y robusta pero sin ángulos rectos. Tiene la misma cara, ancha y redonda que tenía Mao Tse Tung, pero ella lleva el pelo recogido en un moño pequeño y apretado contra la coronilla, que luce brillante como si usara pintura negra en lugar de fijador. Nunca sonríe, nunca cierra la tienda y nunca se cambia de ropa. La china del todo a cien, quizá duerma de pie o quizá ni siquiera duerma y por eso la oscura raya que son sus ojos nunca deja ver del todo si están abiertos o cerrados. El chino del todo a cien por el contrario es un chino menudo, casi escuálido, tiene la cara alargada y el gesto sufrido de quien hace fuerza o sufre penosas fatigas para subsistir y de hecho siempre está moviendo cajas y paquetes de un lado para otro, subiéndolas del sótano, bajándolas al sótano o trayéndolas de la calle igual que una hormiga laboriosa que jamás consiguiera llenar la despensa del hormiguero. El chino del todo a cien vive pegado a un carrito saquero como si fuera su propio culi y se viera obligado a tener que transportar el peso de su propia existencia de acá para allá. Lunes, martes, miércoles... domingos, todos los días son días laborables en el calendario del todo a cien y quizá para hacerlo más llevadero y volcar contra algo lo rutinario de su existencia, uno y otra discuten a todas horas cruzándose unas palabras rápidas y silbantes que aunque no sé lo que significan deben de hacer cortes muy profundos. A medio día y por las tardes, cuando sale del colegio, les ayuda una niña de unos trece años, que tiene la misma cara de bollo horneado que su madre, pero con trenzas, y el mismo cuerpo membrudo de su padre pero con faldita a cuadros escocesa. No sé muy bien porque y eso que yo siempre sé los porqués de cada cosa, albergo contra ellos una cierta antipatía. Tal vez por su desmedido afán mercantilista, por ser tan prisioneros y vivir tan encerrados en su tienda como yo en la habitación sesenta y nueve, sin disfrutar ni un solo día de lo que tan afanosamente se trabajan. Son raros, los chinos son raros. Yo soy el mestizaje entre los pueblos y el azote del racismo, pero los chinos son raros de cojones y misteriosos. Su cara nunca dice nada, la expresión de sus ojos nunca dice nada, nunca se ve un perro cerca de un restaurante chino y nadie ha conseguido averiguar nunca lo que hacen con sus muertos. Además son silenciosos, casi furtivos en su manera de establecerse en un sitio. Nadie sabe cuando llegaron, ni cuántos son en realidad en cada clan. Viven en una sociedad paralela dentro de la sociedad, con su propio sistema, sus propias costumbres y sus propias leyes. De vez en cuando organizan una degollina por un ajuste de cuentas y entonces uno se entera de que están aquí, hacinados entre nosotros, en algún lugar del subsuelo compartiendo un metro cuadrado de almacén entre diecisiete y exentos de pagar impuestos.

Yo, que ya sé que el hombre es un experimento extraterrestre de la combinación entre monos, cerdos y ratas, he descubierto desde mi ventana que los chinos tienen más de rata, que por ejemplo los ingleses, que tienen más de cerdo… Sin ofender, claro, una cosa meramente científica.

sábado, 16 de julio de 2011

La Pelusa

Me tienen intrigado las pelusas. Uno barre, uno aspira, uno le da una paliza a las alfombras periódicanente como es preceptivo y ya con eso se siente rodeado por la asepsia y, se confía, se arrellana en la molicie del Pronto y de la mopa rinconera giratoria, sin saber que cualquier día y sin previo aviso, al retirar un mueble para rescatar una carta de esas que parecen haberle pillado afición a las ranuras, ahí estará... ¡La Pelusa!. Dependiendo del tamaño y del tono de su color, incluso podrás llegar a confundirla fácilmente con un ratón, lo que llevará acarreado un susto adicional fuera de toda recomendación feng shui, con lo que ya de entrada la pelusa te resultará irreconciliablemente antipática de por vida. El resto ya lo sabemos, al cubo y punto... Mas ¿Para qué sirve una pelusa en realidad? ¿Cuál es la finalidad y el proyecto último de una pelusa? ¿Son un ecosistema en sí mismas las pelusas? ¿Existen ciudades de ácaros que van y vienen de un lado para otro de la pelusa haciéndo cometidos y mandados? ¿Cuántos ácaros asociados se necesitan para ser un New York de las pelusas? Y ¿Por qué les gusta tanto a las pelusas la electicidad estática? ¿Les mola vivir amogollonadas encima de las regletas de los enchufes y enroscadas a los cables, igual que a nosotros nos petan los adosados? ¿Y por qué corren de acá para allá, como pollos sin cabeza, en cuanto que ven una corriente de aire?

Bien, pues no hay manera de saberlo, he estado hablando con un pelusón que le pirria instalarse detrás de la puerta de la cocina y no ha habido manera de sacarle nada en claro. Al final he llegado a la conclusión de que las pelusas son como los políticos, es decir, nunca aclaran nada, parecen un poco ratas y siempre acumulan mierda a escondidas por los rincones.

viernes, 24 de junio de 2011

Alma Enferma (fragmento)


















Volveré de la muerte si es preciso,
para cobrarme la vergüenza que me debes.
Volveré a tu realidad, y a lo que eres,
y escarbaré con ahínco en tu memoria.

Volveré a despertarte la conciencia
y haré que recuerdes lo que hiciste,
todo aquel daño que fuiste,
en tu afán por ser notoria.

Hoy quizá la vida te sonría,
y confías que el pasado no recuerde,
y te dices que el olvido no remuerde
y te crees que ya no eres lo que hacías.

Volveré para mirarte con tus ojos,
y pintarte en los espejos con el aura que mereces,
esa cosa enferma y gris que te envanece
porque sabes vestir de hipocresía...

lunes, 20 de junio de 2011

Apocalípsis

Pero vamos a ver, ¿cuántos apocalípsis hay? ¿Es que vamos a tener uno cada dos meses? ¿No íbamos a caer fulminados todos el 11 de mayo pasado? ¿Y ahora resulta que mejor vamos a explotar el 21 de junio? ¿Y qué coño pasa con el 21 de diciembre del 2012?, ¿ya no viene el rayo letal de particulas gamma desde el ojete de la galaxia? O sea, ¿es que ni siquiera para eso nos vamos a poner de acuerdo? ¿También de esto vamos a hacer una moda tonta? ¿Cómo se empaqueta un apocalípsis en un blíster y se coloca en un stand, para que caduque al cabo de un mes?
Yo quiero un apocalípsis único, tradicional e inconcreto. Quiero un apocalípsis acojonante, precedido de trompetas y caballos de colores, como habían venido siendo los apocalípsis de toda la vida de Dios. Un Apocalípsis con mayúscula, que nada más nombrarlo genere penalidades intestinales y suscite arrepentimientos apresurados entre los asesinos de niños, los que tiran chicles al suelo y las monjas que se ven el anuncio del Vibro Power Sculpture a escondidas. Quiero un Apocalípsis que llegue sin avisar, un miércoles cualquiera a la hora all-bran, sin cábalas criptográficas o juegos abracadabrantes alfanuméricos, cogidos con los palillos del sombrajo de Nostradamus, el Popol Vuh, el código secreto de la Biblia y el horóscopo nocturno de la sexta. Y sobre todo, quiero que no asomen los templarios, por favor, basta de templarios.
¿Por qué no venden un nuevo estado de gracia del ser humano, un despertar a nueva forma de conexión psíquica mundial? ¿No cabe en el blíster?

domingo, 12 de junio de 2011

Cuando no estás

También me gusta cuando no estás y puedo quererte a mis anchas, de memoria. Me gusta, porque es entonces cuando mejor hago contigo lo que quiero, cuando siempre dices sí, y eres toda mía y eres toda perfecta y oportuna, como si fueras la reina de tu mejor versión.

martes, 26 de abril de 2011

Un Suspiro



Un suspiro, es el abrigo con el que sale a la calle un sentimiento.

La Memoria del Elefante (fragmento)

Al empezar el siglo XXI Isabel se había hartado de Tanzania, de jugar a Gorilas en la niebla y de mí. De verme hacer el topo por las llanuras del Serengeti en compañía de una truppe de hombres color caoba, que sólo hablaba swahili y barría el desierto con un pincel.
• ¡Jambo! ¿U hali gani?
Cuando no lo pudo soportar más, no aguardó ni a que pasara la navidad. Empaquetó sus cosas, parte de las mías, a Bárbara y a Lucía, nuestras hijas, y no contenta con eso, todavía me hizo llevarlo todo al aeropuerto y decirle adiós.
La verdad es que no me sorprendió su espantada. Las dos primeras temporadas arqueológicas, las había sobrellevado bastante bien, e incluso se había sumado a las labores del equipo con un espíritu encomiable, pero luego se había ido cansando de no encontrar nada, de tanta arena y tanta mosquitera y su cara había empezado a alargarse.
El caso es que ya entonces se iba a ir. Que llevaba ya algún tiempo yéndose de mi lado, sin acabar de marcharse del todo y que yo no sabía cómo decirle que la iba a echar de menos.
• No pongas esa cara, mujer. Ya te advertí que esto sería duro.
Después del segundo año, al llegar las niñas de Madrid, lejos de animarse fue cuando se hartó del todo y se atrincheró con ellas en Mwanza, donde su sangre recalentada acabó por hervir. Así que allí también, vinieron a verme sus caras largas, sus silencios espesos, sus miradas esquivas. Otra vez, como si no le importaran nada, sus mohines se habían columpiado por encima de nuestros planes con un aire de fastidiado desinterés, sembrando la desilusión, la inestabilidad y la duda. Luego las frases muertas, los reproches mezquinos, las disputas de rigor,... la inesperada dimensión que cobran a veces las palabras. Isabel sabía muy bien que las palabras a veces se afilan, que están bailando un rato con un sacapuntas y que luego se esconden tras una lengua para asaltarnos, para clavársenos en la autoestima, en la herida abierta, o en la mismísima alma del alma, de forma que ya no pueden cicatrizar. Isabel sabía que las palabras a veces se vuelven gigantes y que nos pisan, que nos estragan en el huracán de su dimensión inesperada y que cobran propiedades de espejo, para retratarnos con una sola puñalada.
Es verdad que perdimos los papeles en la tolvanera de las razones, que nos peleamos, que hubo gritos, insultos y que nos tiramos palabras de piedra a la cabeza. Es cierto que aunque la realidad es clara, la verdad siempre se espesa y que fuimos más allá de donde hay que ir, hasta que nos odiamos con la misma intensidad con que nos habíamos querido, pero al revés. Es verdad que defendimos nuestras posturas hasta perder la razón y que en la ceguera del querer hacer daño, fuimos quebrando desde lo más frágil hasta lo más sólido de nuestra relación. Es verdad, que cuando terminamos de odiarnos, ya no nos quedaba nada por salvar.

jueves, 7 de abril de 2011

Monólogos del Loco (fragmento)

Todas las cosas tienen su porqué. Los porqué se amoldan a los todo. Cada uno tiene el suyo y se casan una vez y para siempre como los enajenados de dos patas. Los porqués están por ahí sueltos, a su aire, pululando como medias naranjas a la búsqueda de un significado completo. Cuando lo encuentran, cuando se casan, se produce un hecho en el mundo de los sucesos. Un acto con causa y efecto, con origen y desenlace. Una casualidad de casualidades que luego los científicos se empeñan en explicar o resumir en una fórmula y los demás en aceptar por las buenas. La lluvia se produce siempre de la misma manera, pero nunca llueve dos veces igual. De vez en cuando uno se encuentra un porqué de manera fortuita y hace un hallazgo al que llama descubrimiento. Se pone por ello muy ufano y pasa a engrosar la lista de los sabios. Esto es muy bonito, altamente gratificante y mucho más aún si te dan un premio y puedes descubrir también que te has vuelto tan arrogante como para ir a recogerlo, pero no tiene nada que ver con lo que estaba diciendo. Lo que yo decía es que mi misión es juntar todos los todos y todos los porqués y de esa forma saber todas las respuestas. Yo soy la duda que formula la pregunta que desvela la verdad. Yo soy la última respuesta, pero por si acaso, no dejo nunca de investigar.

martes, 22 de marzo de 2011

Regalos

Una colonia o un libro. Un libro o una colonia. Navidades, santos, cumpleaños y días del padre, siempre el mismo regalo, sin sorpresa, sin pensarlo, como si más que el regalo en sí, se regalara la molestia de ir a comprarlo.

sábado, 12 de marzo de 2011

Teta

Tenía una teta perfecta, sólo una pero perfecta, una de esas tetas dibujadas con tiralíneas, que ni siquiera parecía de verdad. Sin embargo lo era. Era La Teta por antonomasia, la teta diez. la teta patrón, una teta de estatua, de icono femenino para la eternidad, una teta de proporciones aureas y de pincel inspirado, una teta sublime e intemporal a salvo del tiempo y de la moda. Una teta por la que existir.

Qué pena que sólo tuviera una.

Minicuento


Y cuando él por fin se decidió a poner en marcha sus planes, ya se le había pasado la vida.

sábado, 5 de marzo de 2011

Marketing Celestial

Los americanos nunca inventaron el marketing, sólo la etiqueta. Por ejemplo, cuando los primeros clérigos llegaron al nuevo mundo y empezaron a predicar su credo, dando el cambiazo en los templos incas y aztecas de altares sacrificiales y corazones secos, por rudimentarias cruces de jesucristos, los lugareños literalmente se despipotaron de risa de que el dios de los cristianos fuera tan escuchimizado, pobre y débil y de que hubiera dejado que le crucificasen unos simples mortales. Su dios Huichilobos molaba mucho más, tenía mucho más poder y daba muchisimo más miedo que aquel barbudo "pinchao" en un palo. En vista del exitazo, la iglesia que no podía rendirse así como así y dejar escapar tan numeroso rebaño, quitó las cruces también de los templos y empezó a colocarles imagenes de la virgen María, que se parececía más a sus diosas de la fertilidad pero con ropa y que tenía un cutis envidiable. La nueva diosa fue rápidamente incorporada, traducida y asimilada a sus propias creencias y finalmente ensalzada a los altares del nuevo mundo.
Gracias a esta simple maniobra de marketing, y antes ni siquiera de que los americanos hubieran inventado el nombre, es por lo que suramérica es mayoritariamente mariana. Cosas de la fe.

martes, 1 de marzo de 2011

HP

El alcalde Ruiz Gallardón, el H. P. de la villa de Madrid, en su desmedido afán recaudatorio por seguir haciendo obras faraónicas a mayor gloria de su persona, es que ya no se fija ni donde le colocan los parquímetros los responsables del mobiliario urbano. ¿Se puede ser más tonto? ¿Quién es el genio que ha puesto este parquimetro de la calle San Bernardo delante de una rejilla de ventilación? ¿Así se garantizan hasta los céntimos que se nos caen al suelo?, No sé yo si el H.P. Gallardón usará mucho los parquímetros, pero le informo por si acaso, de que es bastante normal que a la gente se le caiga alguna moneda al suelo cuando está dando de comer a sus sacaperras. Desde luego el que barre en el foso, debe ser el barrendero más feliz del mundo.

¿Cómo?... ¿qué no le gusta que le diga lo de H.P?... ya, a mí tampoco me gusta que me tomen por idiota además de chulearme la pasta y en cualquier caso no se me sulfure que con H. P. quiero decir Hijo Predilecto,... ¿Qué se pensaba? Encima que le llamo lo que más le gusta oír. Y a diferencia de él, sin cobrarle por ello.

jueves, 24 de febrero de 2011

El rebaño

A medida que voy acumulando experiencia humana, cada vez me gustan más las personas y cada vez me gusta menos la gente, esa cosa amorfa y saturada de normas ortopédicas que llamamos sociedad. Las personas, a partir de tres o cuatro individuos, se despersonalizan y se transforman en bulto insensible, en sentimiento deshumanizado y en moda marcial. Cada vez más, las personas se generalizan en la simplicidad de los conceptos políticamente correctos o incorrectos y pierden su capacidad empática, su juicio crítico y su responsabilidad moral, para diluirse en los clichés de rebaño con que los alecciona la pedagogía estatal. Por eso el rebaño piensa, siente y juzga al unísono, sin osar poner en tela de juicio el catecismo social. Cada vez hay más personas que se sienten a gusto y protegidas siendo rebaño y eso es altamente preocupante. La gente rara vez piensa por sí misma y de aquí a nada las personas, ni siquiera tendrán ganas de pensar.

lunes, 21 de febrero de 2011

Como Dios... me voy a quedar.

Al gogle (guguel para los snobs que se molan pronunciándolo en inglés), le pasa lo mismo que a Dios, que se lo sabe todo y que sus caminos son inescrutables. Entro a buscar referencias sobre el aura y la fotografía kirlian y resulta que me lleva al portal de un centro de belleza facial que se llama "El Espejo del Alma"... Vale, pues mira por donde me acaban de tocar las narices los dos. El uno por pasarse de leído y de escribido con sus enlaces y el otro, ya que estamos, casi podríamos decir que por estética conceptual. ¡¿Cómo que El Espejo del Alma?! Vamos a ver, casos clínicos aparte, el espejo del alma es lo que justamente tratan de ocultar los centros estéticos, o sea, esa cara que con el tiempo y nuestros actos nos acabamos mereciendo todos y con la que algunos no se conforman porque les delata. El Espejo del Alma es por lo tanto un nombre no sólo inapropiado y paradójico para un centro de belleza, sino retorcidamente malicioso y de un cinismo supino. La gente no quiere que nadie le vea el alma, lo que quiere es que la vean joven y guapa aunque sea mentira y por eso precisamente es por lo que acude a ellos. A un centro de estética va uno a que le mientan la cara y a que le amordacen, le acartonen y le plastifiquen el alma en la trastienda de la imagen, que es donde más guapa está cuando es fea. Yo para mí que a los únicos que retrata el nombrecito de la página, es a los dueños del negocio.
Voy a ver si encuentro lo de las auras,

lunes, 14 de febrero de 2011

Discutir o Morir

El fondo de la cuestión de todas las cuestiones que se dirimen en España, es siempre el mismo. Discutir. O lo que es igual, llevar siempre la razón. Ya decía no sé quién (y por eso no lo pongo) que la razón es la cosa mejor repartida del mundo, ya que todos creemos tener la suficiente. Pues bien, aquí, incluso nos sobra.
Aquí se discute por principio y por contagio. Por derecho constitucional y por deferencia hacía los demás. Se discute por vicio y por aburrimiento. Por vocación. Se discute con motivo o sin él. Con pasión, o sin ella, pero se discute. Se discute por matar el rato, por aliviar tensiones y porque sí. Principalmente porque sí. No se puede vivir sin discutir por que una vida sin discusiones no es vida, es una misa. Además, si nos prohibieran discutir de un día para otro, se nos olvidaría hablar. Por eso, discutir es estar más vivo, y no quedarse callado, equivale a llevarse la razón.
Cuando uno no sabe que hacer, cuando en la tele no matan a nadie y se aburre, pues discute. La emprende por cualquier motivo con el primero que se le cruza por delante y si no hay nadie a mano, sale a la calle y para un taxi. (Los taxistas han sido siempre grandes discutidores y en temas concretos como fútbol y política, no tienen rival). Cuando uno va al cine, o de copas con los amigos, lo hace para discutir. Cuando uno va a trabajar lo hace dispuesto a discutir con todos hasta la extenuación. Uno/a se echa novia/o para poder discutir con ella/él en confianza y sólo se casa contra la/el que mejor sabe discutir, porque no en vano, luego, va a tener que estar discutiendo con ella/él toda la vida. Hay gente que se compra un perro para discutir con él y gente que coge el coche, únicamente para discutir. Para meterse con el conductor del autobús, con el pijo del GTI, o con Maroto que hace mucho ruido con la moto. A menudo se para uno en un semáforo y en la lata de al lado, el conductor, que va sin acompañante, espurrea voces e iras en conserva contra el parabrisas y le hace amenazantes aspavientos como si lo fuera trizar, porque también hay gente que antes que quedarse sin discutir, es capaz de ponerse a discutir sola.
Nuestra vida es por lo tanto una discusión permanente. Se discute por todo y en cualquier sitio por el mero placer de la trifulca y se lleva siempre la razón. ¡Faltaría más! El que no discute con sus semejantes es un insociable, un mal educado, o es que está como muerto. Hasta los que están deprimidos discuten que da gusto y si alguno te dice que no tiene ganas de hacerlo es que miente o agoniza.
Podemos pasarnos un día, una semana, una vida entera, oyendo a dos personas discutir, que dará igual porqué lo hagan y no importará cuantos argumentos se den. Al final, los tres nos moriremos sin haber sacado ninguna conclusión, porque en el fondo, lo que a nosotros nos gusta realmente es discutir. O sea, hacer del asunto de la discusión una cosa como deportiva, o así, elevándola a la categoría de contienda nacional. Más que eso. Discutir es una necesidad, una terapia, un masaje continuado al estrés de nuestras vidas. No quedarse callado, también es una forma de existir.
Indiscutiblemente, en el fondo del fondo, de la cuestión de la cuestión, se discute por discutir y no por ponerse de acuerdo. Por eso, seguramente, es por lo que todos tenemos tantísima razón.

miércoles, 26 de enero de 2011

Niños de Ayer

La difunta tía abuela Eulipia quien gracias a los efectos de tan atroz bautismo quedó curada de espantos de por vida, -aunque como consecuencia de ello, también se mareaba hasta montando en mecedora-, solía adorar a los niños. Los adoraba y decía de ellos que el que alguna vez no había roto un cristal de una pedrada, es que no había sido niño. Pues bien, esta tarde, mientras emborronaba cuartillas sentado a mi mesa, esperando a las musas, un proyectil de granito volaba hacia mi ventana, para recordarme que todavía siguen quedando niños...y tirachinas.
Los cristales, cuando estallan, suenan distinto que cuando simplemente se rompen. Eso también lo he comprobado hoy. Cuando estallan, además de que suenan a petardo, una especie de relámpago cegador que aturde los sentidos, le acompaña, en tanto que al romperse hacen solamente ¡clac! y, ya está.
Al otro lado del estallido y de la ventana, en la acera de enfrente, tres pisos más abajo, había un tirachinas de gomas verdes con un niño dentón agarrado a él, que tenía cara de estar tan sorprendido como yo. Él parecía pensar que, tanto el poder devastador de su artilugio como su puntería, habían superado con creces cualquier expectativa previa, y yo estaba alucinado, porque creía que los niños de ahora ya no hacían estas gracias. Pensaba que con tanta guerra galáctica de sofá a bordo de la Nintendo, no les hacía falta echar mano del instinto medieval, ni del rupestre arsenal bélico que usaba nuestra generación y suponía, que después de vaporizar un ejército interestelar cada día en el ratito que dura la merienda, ya no les llamaría la atención la desintegración de un simple vidrio.
Pero estaba equivocado y me he tenido que terminar acordando de tía Eulipia.
Me he acordado de ella, claro, después de que se me pasara el susto y mi cabello retornara a su posición habitual y no sin antes haber lanzado desde la ventana cuatro recomendaciones ultraprecisas al niño, acerca de la ubicación exacta que podía destinarle a su tirachinas en un futuro. Amparado en la distancia, no obstante, el muy imberbe me lo ha agradecido enseñándome la lengua en toda su extensión y ya estaba yo pensando en bajar a la calle y someterle a un desarrollo intensivo de pabellones auditivos, cuando ha llegado tía Eulipia del más allá y me ha recordado lo que decía de los niños y de los cristales y ya de paso, los dos que yo rompí en su casa una lejana tarde de fútbol cafre.
Los ratos en que no estaba mareada, tía Eulipia podía ser muy persuasiva, así que al final, que remedio, he tenido que darle la razón y que alegrarme de haber podido comprobar, que pese a ser algo dentones, aún siguen quedando niños con el osado espíritu de antaño. Niños de pantalón corto y rodilla pelada. De zapato de barro y charca de rana. Niños de ayer, vacunados contra el tedio y la imaginación a pilas. Un alivio.
En fin, que estoy muy contento por ello y que aquí me despido, porque me tengo que poner a barrer y a plastificar la ventana por la que entra un frío serrano, a prueba de optimistas. El cristalero, hasta el miércoles, no viene a tomar medidas.

sábado, 15 de enero de 2011

In memoriam, Ricardito

"Ricardito el exquisito, treinta y tres veces bonito, que le dolían los cojones de ser guapo" Eso cantaba anoche mi padre Ricardo a sus ochenta y ocho, cuando se fue a la cama. Esta mañana, ya no se ha despertado para desayunar. Su cara dormía aún serena y en su última mirada de párpados entrecerrados no había miedo, ni crispación, sólo un poso de ironía.

Hasta siempre Cayo.

miércoles, 12 de enero de 2011

Aprendiendo

Uno es tan fuerte como su punto más débil, -dice de pronto la tele poniéndo voz de documental y cuando acudo raudo a sentarme frente a ella, pensando en que por fin va a contarme algo interesantemente inteligente, me encuentro con que dos luchadores hipertrofiados, rapados y vestidos de Ninja, están cruzándose mamporros en el Discovery Channel.

¡Gran desilusión!

Enseguida, por asociación de ideas, se me viene a mí a la cabeza, que uno es tan memo como grande su ingenuidad.

¡Lo que aprendo con la tele!

martes, 4 de enero de 2011

Año nuevo

Empiezo el año nuevo como todos, embriagado de licores y proyectos y a las doce en punto le quito el envoltorio de piel de uva y lo matriculo en el calendario. Incluso para que se vaya habituando a lo que sin duda va a ser una existencia de crisis, le concedo el día de fiesta tradicional, más un domingo de propina, antes de empezar a deshojarlo propiamente dicho.

Sin embargo -!misterio de la navidad¡-, al tercer día, como un Jesucristo a la inversa, el año 2011 ha "desresucitado". Es decir, que no se ha presentado a fichar el lunes día 3 y desde entonces está desaparecido del horizonte de sucesos sin que nadie haya sabido dar noticia ni explicación a su paradero.
El Ayuntamiento de Madrid, que se llama Ayto para los amigos y que es excelentísimo, con el fin de disimular su desconcierto, ha instalado en la ciudad una niebla densa y masticable, una niebla tan cargada de humedad, que parece un lametón del paisaje, aunque del paisaje propiamente dicho, tampoco haya ni rastro, pues aprovechando la coyuntura, se ha escondido detrás de los árboles que se han escondido a su vez detrás del bosque, en lo más espeso del lametón, para poder fumar y hacer humo sin que lo note la nueva ley antitabaco.
Menos mal que yo tengo a Marta conmigo, que sólo se fía de su intuición y que sabe cuando hay que quitarse el vestido de Musa para ponerse el de brújula norteña. Gracias a ella, también yo sé hacia donde tengo que soplar el humo.

-No es lo mismo, calcúlome Pi, que, me pica el culo- me aclara ella, y yo le contesto que le estoy cogiendo el punto a esto de los dibujitos con el móvil.

¿Por qué será que nunca consigo mirarme en sus ojos sin verme desnudo?