Fotogalería

jueves, 24 de febrero de 2011

El rebaño

A medida que voy acumulando experiencia humana, cada vez me gustan más las personas y cada vez me gusta menos la gente, esa cosa amorfa y saturada de normas ortopédicas que llamamos sociedad. Las personas, a partir de tres o cuatro individuos, se despersonalizan y se transforman en bulto insensible, en sentimiento deshumanizado y en moda marcial. Cada vez más, las personas se generalizan en la simplicidad de los conceptos políticamente correctos o incorrectos y pierden su capacidad empática, su juicio crítico y su responsabilidad moral, para diluirse en los clichés de rebaño con que los alecciona la pedagogía estatal. Por eso el rebaño piensa, siente y juzga al unísono, sin osar poner en tela de juicio el catecismo social. Cada vez hay más personas que se sienten a gusto y protegidas siendo rebaño y eso es altamente preocupante. La gente rara vez piensa por sí misma y de aquí a nada las personas, ni siquiera tendrán ganas de pensar.

lunes, 21 de febrero de 2011

Como Dios... me voy a quedar.

Al gogle (guguel para los snobs que se molan pronunciándolo en inglés), le pasa lo mismo que a Dios, que se lo sabe todo y que sus caminos son inescrutables. Entro a buscar referencias sobre el aura y la fotografía kirlian y resulta que me lleva al portal de un centro de belleza facial que se llama "El Espejo del Alma"... Vale, pues mira por donde me acaban de tocar las narices los dos. El uno por pasarse de leído y de escribido con sus enlaces y el otro, ya que estamos, casi podríamos decir que por estética conceptual. ¡¿Cómo que El Espejo del Alma?! Vamos a ver, casos clínicos aparte, el espejo del alma es lo que justamente tratan de ocultar los centros estéticos, o sea, esa cara que con el tiempo y nuestros actos nos acabamos mereciendo todos y con la que algunos no se conforman porque les delata. El Espejo del Alma es por lo tanto un nombre no sólo inapropiado y paradójico para un centro de belleza, sino retorcidamente malicioso y de un cinismo supino. La gente no quiere que nadie le vea el alma, lo que quiere es que la vean joven y guapa aunque sea mentira y por eso precisamente es por lo que acude a ellos. A un centro de estética va uno a que le mientan la cara y a que le amordacen, le acartonen y le plastifiquen el alma en la trastienda de la imagen, que es donde más guapa está cuando es fea. Yo para mí que a los únicos que retrata el nombrecito de la página, es a los dueños del negocio.
Voy a ver si encuentro lo de las auras,

lunes, 14 de febrero de 2011

Discutir o Morir

El fondo de la cuestión de todas las cuestiones que se dirimen en España, es siempre el mismo. Discutir. O lo que es igual, llevar siempre la razón. Ya decía no sé quién (y por eso no lo pongo) que la razón es la cosa mejor repartida del mundo, ya que todos creemos tener la suficiente. Pues bien, aquí, incluso nos sobra.
Aquí se discute por principio y por contagio. Por derecho constitucional y por deferencia hacía los demás. Se discute por vicio y por aburrimiento. Por vocación. Se discute con motivo o sin él. Con pasión, o sin ella, pero se discute. Se discute por matar el rato, por aliviar tensiones y porque sí. Principalmente porque sí. No se puede vivir sin discutir por que una vida sin discusiones no es vida, es una misa. Además, si nos prohibieran discutir de un día para otro, se nos olvidaría hablar. Por eso, discutir es estar más vivo, y no quedarse callado, equivale a llevarse la razón.
Cuando uno no sabe que hacer, cuando en la tele no matan a nadie y se aburre, pues discute. La emprende por cualquier motivo con el primero que se le cruza por delante y si no hay nadie a mano, sale a la calle y para un taxi. (Los taxistas han sido siempre grandes discutidores y en temas concretos como fútbol y política, no tienen rival). Cuando uno va al cine, o de copas con los amigos, lo hace para discutir. Cuando uno va a trabajar lo hace dispuesto a discutir con todos hasta la extenuación. Uno/a se echa novia/o para poder discutir con ella/él en confianza y sólo se casa contra la/el que mejor sabe discutir, porque no en vano, luego, va a tener que estar discutiendo con ella/él toda la vida. Hay gente que se compra un perro para discutir con él y gente que coge el coche, únicamente para discutir. Para meterse con el conductor del autobús, con el pijo del GTI, o con Maroto que hace mucho ruido con la moto. A menudo se para uno en un semáforo y en la lata de al lado, el conductor, que va sin acompañante, espurrea voces e iras en conserva contra el parabrisas y le hace amenazantes aspavientos como si lo fuera trizar, porque también hay gente que antes que quedarse sin discutir, es capaz de ponerse a discutir sola.
Nuestra vida es por lo tanto una discusión permanente. Se discute por todo y en cualquier sitio por el mero placer de la trifulca y se lleva siempre la razón. ¡Faltaría más! El que no discute con sus semejantes es un insociable, un mal educado, o es que está como muerto. Hasta los que están deprimidos discuten que da gusto y si alguno te dice que no tiene ganas de hacerlo es que miente o agoniza.
Podemos pasarnos un día, una semana, una vida entera, oyendo a dos personas discutir, que dará igual porqué lo hagan y no importará cuantos argumentos se den. Al final, los tres nos moriremos sin haber sacado ninguna conclusión, porque en el fondo, lo que a nosotros nos gusta realmente es discutir. O sea, hacer del asunto de la discusión una cosa como deportiva, o así, elevándola a la categoría de contienda nacional. Más que eso. Discutir es una necesidad, una terapia, un masaje continuado al estrés de nuestras vidas. No quedarse callado, también es una forma de existir.
Indiscutiblemente, en el fondo del fondo, de la cuestión de la cuestión, se discute por discutir y no por ponerse de acuerdo. Por eso, seguramente, es por lo que todos tenemos tantísima razón.