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sábado, 28 de enero de 2012

JSP

¿Jóvenes sobradamente preparados,... o jóvenes soberanamente prepotentes? ¿Pero qué les pasa a los chavales de hoy en día, que de todo se quejan y que de todo culpan al sistema, o a la crisis, o a la insatisfacción que llevan dentro? ¿Qué se esperaban de la vida?, ¿Que les siguiera proporcionando todo regalado? Les educamos en la idea de que sólo tenían derechos y derecho a todo por el mero acto de nacer y no acaban de asimilar que las cosas hay que ganárselas. Por lo visto todos son genios en algo, todos son Madonnas y Ronaldos y nadie se lo quiere reconocer, trescientos mil años de evolución homo sapiens, y a su juicio sólo han servido para llegar hasta ellos, hasta la primera generación que ya ni siquiera tendrá que morirse y que será joven y guapa por los siglos de los siglos. Ellos son el final del camino y ya no hace falta que tras ellos venga nadie más. Todo lo que quede más allá de la órbita de su ombligo es el mero decorado de una existencia que se culmina con ellos.
Por eso, la generación mejor preparada de la historia exige acabar los estudios y empalmar con el puesto de director general, sin recorrerse antes el camino de la experiencia y del esfuerzo. Todo gratis, todo muelle, todo por la cara y todo ya. La generación mejor preparada de la historia no entiende de espíritu de sacrificio, de sentimientos solidarios, ni de ganas de pelearse lo que hasta ahora les cayó gratis del cielo gracias a sus papás. La generación mejor preparada de la historia, sigue a los treinta años atragantada de derechos, consumiendo hasta el derroche, echando la ropa sucia en el cesto de mamá y pensándose aún lo que van a ser cuando sean mayores. La generación mejor preparada de la historia jamás se leyó un libro, escribe como un analfabeto funcional y aporta como único currículum su cuerpo danone de gimnasio y todos los records de la Play. ¿A dónde quieren llegar con un léxico de treinta palabras mal contadas y que encima trabucan de significado? Da igual que sean princesas de barrio o de la Moraleja, con estar buenas es suficiente para merecerse el mundo entero. Da igual que sean Borja Maris de Serrano, o Jonatháns poligoneros, quítales el móvil, quítales el coche, quítales la luz y les verás hundirse irremediablemente en la miseria. Diles que se ganen su sustento aunque sea sirviendo hamburguesas y se lo tomarán como una humillación. Siempre hay excepciones, claro, pero de qué les sirve tanto master, si luego suspenden con matricula de deshonor y cero patatero la asignatura de la vida.
Pánico me da pensar en llegar a los ochenta, si es que llego, y tener que depender de ellos para que me cuiden.