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martes, 26 de junio de 2012

La Tos

El pobre con plaza vitalicia en la esquina de mi calle, tose todos los días entre las diez y la una, y luego, se le pasa. A esa hora, repentina­men­te, sufre una mejoría en sus procesos pleuríticos y para celebrarlo, se mete a tomar unas cañas en el bar que hay dos manzanas más abajo. Ahí, le he visto yo y por eso sé, aún sin ser médico, que su trancazo tiene cura.
El pobre de la esquina de mi calle parece ir a caer exhausto en cualquier momento dentro de un alcorque, parece que cada paso que da vaya a ser el último y que, como a un reloj viejo, se le vayan a saltar los muelles de la maquinaría del pecho con un postrero golpe de tos. Los días que llueve, tose con más ganas pero durante menos tiempo. O sea, como con prisa. Pero en ambos casos lo hace con tal maestría, que siempre logra suscitar muchas lástimas cristia­nas.
Sin embargo no se cae. Muy al contrario, cuando se harta de esgarrar, cuando su tosidura suena a calderilla misericordiosa en sus bolsillos, se pone más tieso que un miliciano el día de revista y se atrinchera en el bar la Perla, hasta que se le acaba el dinero y le vuelve a entrar la tos.
El pobre que tose por horas en la esquina de mi calle, espera a que brote la gente de la parroquia y de la boca del Metro, y se acerca a ellos para toserles con la mano extendida. Para repartir unas cuantas miasmas entre viajeros y feligreses, con un tono que habla de purulencias cavernosas legendarias.


Menos mal que luego, a eso de la una, se le pasa.

sábado, 9 de junio de 2012

A Marta

Abrazado a la ternura de tu pecho oigo el run run de tu corazón. No necesito más para quedarme dormido, para saber que mañana amanecerás junto a mí. Mi almohada ya no me consuela, ya no me sirve, ni me alivia, ni me acompaña, ni me llena. Ahora sólo me llena tu run run, el latido de tu inmensa presencia descansando a mi lado, respirando el mismo aire, el mismo sueño, el mismo cariño que yo.

lunes, 4 de junio de 2012

JA, JA

Yo empiezo siempre por reírme de mí mismo y luego ya de todo lo demás, que es lo que realmente me hace gracia. Si no lo haces así, es como comprar una gilipollez a plazos, que la disfrutas de momento, pero luego la tienes que seguir pagando.