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miércoles, 18 de junio de 2014

La vergüenza de tener un Rey


Sólo un apesebrado del sistema, o un alienado intelectual, puede aceptar de buen grado en el siglo XXI,  la imagen de un Rey, ese concepto carpetovetónico y desfasado de alguien que por derecho de cuna, sea más que él, viva mantenido por él,  deba rendirle pleitesía y encima no esté sujeto a derecho. España ya perdió dos oportunidades históricas de haber podido ser otro tipo de Nación. El concilio de Trento, donde dejamos que la iglesia se adueñara de nuestras vidas, a través de la Inquisición, y la Revolución Francesa, donde perdimos la ocasión de haber decapitado al poder absolutista de la corona y de sus círculos de poder. Mañana jueves 19 de junio de 2014, perderemos la tercera oportunidad de pasar página de una vez y de gobernarnos como adultos. Por eso España sigue y seguirá viviendo una democracia de cartón piedra, bicéfala y al servicio de los poderosos, en lugar de  una controlada por todos y al servicio del ciudadano. Por eso seguimos a merced de ambos, cruz y corona y por eso mañana, yo sentiré una vergüenza  infinita por cada uno de los súbditos, plebeyos y avasallados,  que se echarán a la calle a vitorear al nuevo monarca. 

domingo, 8 de junio de 2014

Juan Carlos I, la última mentira


A la vista de lo visto, queda claro que en 40 años de reinado, "Mecongratula" nunca pensó en abdicar. Precipitación y falta de previsión absoluta. Además, otra vez, la mentira por delante, ya que sus verdaderos motivos para abdicar son materia reservada y secreto de estado. Vamos, la misma merdé de siempre, envuelta en sedas, de la que el pueblo llano no tiene porqué enterarse. Para colmo, tácitamente se reconoce que este hombre no ha debido de actuar con mucha honradez, puesto que necesita blindarse contra  previsibles actuaciones de la justicia. Todo un ejemplo del modus operandi de nuestra sacro santa oligocrácia oligofrénica. Y todavía hay que aguantar que ser un anti sistema, sea algo asocial, incívico y cuasi terrorista. La democracia es el paraíso de la perversión de las palabras y de las intenciones del descontento. Viva la transparencia opaca de la Casa Real. Me congratula.