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martes, 29 de julio de 2014

Ganarle un pleito a la administración


Ocurre muy raras veces, vamos casi nunca, y siempre tras un arduo camino de ventanillas y recursos. Media tonelada de impresos rellenos de razones fundamentadas, docenas de desplazamientos, incontables llamadas a incontables delegaciones y negociados con 902 y telefonista robotizado, acopio avariento de paciencia, de todo tipo de filosofías y terapias zen positivistas, relajantes y de opono pono, para no acabar haciendo el Eloy Gonzalo en alguna administración autista. La administración se defiende con obuses de desidia, con un arsenal de requisitos disuasorios, casi inagotable. Cinco años, cien cabreos y al final, mira por dónde; ¡zas! en toda la boca. Pero esta vez en la suya. Así que sobre todo, mucho tesón, tesón hasta la tozudez, hasta que sepas tanto, o más que ellos, y ya no te puedan marear.